PRINCIPIO Y FIN DE SUS MURALLAS.
El presente capítulo pretende ilustrar la configuración urbana de la Villa de Calpe desde mediados del siglo XVIII -momento histórico en que levanta su nuevo recinto de murallas- hasta finales del Siglo XIX. Utilizaremos distintas fuentes para
acércanos lo más posible a la realidad pasada de un pueblo sin defensa, atemorizado por los ataques piráticos, y atosigado por las epidemias y terciarias causadas por las inexistentes condiciones de salubridad. Pero demos paso a los geógrafos:
El padre Vicente Castelló, cura párroco de Altea, describe nuestra comarca costera en el segundo tercio del siglo XVIII, y reseña en su crónica:
"Siguiendo la costa a la parte de levante desde el Cabo Toix, está la villa de Calpe que dista media legua de dicho Toix, murada de 200 casas, distante del mar medio cuarto de legua, sobre una corta eminencia con dos portales, uno al oriente y otro al poniente, tiene en su centro una torre elevada de bastante fortificación, obra antigua y a la misma parte una Ermita de San Salvador, en el remate del
Calvario...".
Por su parte el párroco de Benissa, en la misma época, don Juan Bautista Orts, relata:
"Caminando de esta villa de Benissa al mediodía, por el camino real que va a Alicante, a tres cuartos de legua, hay un barranco que llaman de la Septa, que sólo trae agua cuando llueve mucho, y a un cuarto de legua está la villa de Calpe; está cerca del mar, el que forma una grande ensenada, teniendo a la parte de levante unas Salinas Reales de aguas del mar e inmediatamente un peñón y una punta o cabo que llaman Ifach; en lo más alto hay una atalaya que suben en cuerdas y a la
caída de la parte de tierra que mira al norte hay un lugar arruinado del mismo nombre que el cabo y en los pedazos que quedan de la Iglesia se ven cinco escudos de armas de los obispos
consagrantes, y a la parte de poniente está el Cabo de Toix".
El botánico Cavanilles, en su periplo valenciano de finales del XVIII, ya nos decía:
..."Seguí hacia Calpe, villa de 237 vecinos, pisando un suelo árido y estéril, donde crecen arenarias, llantenes, onónides, y otros vegetales; la población está en una loma a 200 varas del mar; los edificios demuestran la pobreza de sus
moradores...".
Pascual Madoz en 1842 afirma que Calpe
"tiene unas 300 casas de no muy buena fábrica y pobre aspecto, casa de ayuntamiento, cárcel muy mezquina... Esta villa está fortificada por dos muros antiguos,; el primero que circunda todo el casco de la población, menos el arrabal, y el segundo se halla situado en el centro del pueblo, con 3 fuertes de batería."
Pablo Riera, hacia el año 1881, no mejora esta visión y, en su Diccionario Geográfico, afirma que nuestra Villa cuenta con 337 edificios
"...incluso el consistorial y la Iglesia nada de importante ofrecen. Tanto la construcción de aquellos, como la forma irregular de las calles, acusan desde luego su origen antiguo y descuidado, pues exceptuando algunas casas particulares de moderna edificación, las demás carecen de
importancia...".
Durante décadas, quizá siglos, la calidad y fábrica de las viviendas habían sido una cuestión secundaria para los calpinos. La principal consistía en poner a salvo sus propias vidas, sus bienes y sus cosechas. A este fín la necesidad de contar con una fortificación que les amparara del peligro exterior era perentoria para un pueblo ya acostumbrado a tener que medirse en guerras y guerrillas contra el francés, el inglés, el norteafricano o la bandosidad.
Mucho se ha hablado sobre la antigüedad de las primitivas murallas de la villa, incluso de la edad de nuestro pueblo en su emplazamiento actual. Calpe se construye sobre un cerro dominando el entorno circundante y la muralla es la única defensa de un territorio a veces francamente hostil. El padre Llopis en su obra Calpe (1947) nos dice que las murallas calpinas son de origen romano. Nada hay documentado que lo fundamente.
Las primeras noticias documentadas que tenemos, nos las proporciona Jaume Pastor Fluxá en su libro Historia de Calp (1988) y hace referencia al rey Pere IV que en 1338 ordena reforzar las murallas existentes. Pero, es Alfons el Vell el que decide en 1375 que las rentas recogidas se destinen a "obrar e enfortir lo mur de dit lloch" y en 1376 finalmente se reparan. No obstante, 25 años después, el 29 de Octubre de 1401 se ordena al justicia y jurados de Calpe, que bajo pena de 1.000 sueldos y antes de la fiesta de San Miguel, las murallas estuvieran perfectamente reparadas, tapados todos sus agujeros y blanqueadas. En la Edad Media la construcción de murallas supuso una actividad colectiva propia de los pueblos. Continuamente había que realizar labores de mantenimiento y de fortificación. Nuevamente en 1577 un maestro albañil llamado Miguel Catalá trabaja en el baluarte de la iglesia, añade garitas en la muralla y reforma la torre existente en el centro de la ciudadela y que llamaban "el Macho".
No es hasta 1581 en que se acomete una reforma importante a las murallas de nuestra villa. Juan, picapedrero de Vizcaya, se encarga de construir un baluarte ¿la Pesa? y de reformar las murallas. Parece ser para adaptarlas a las nuevas tendencias en las que la aparición de la artillería aconsejaba modificar los torreones predominantemente cilíndricos, hacerlos con ángulos. Los ingenieros militares trataron de esquivar los tiros, más que afrontarlos de plano, disponiendo los baluartes oblicuamente. El baluarte de la Pesa, según Llopis tenía 17 metros de largo por 11 de ancho y 10 de altura. Fue demolido en 1947 al impedir el acceso entre la plaza de Salamanca y la hoy calle de Santísimo Cristo. El acuerdo adoptado por el ayuntamiento en Marzo de 1946 sobre la base de los peligros que suponía para los peatones cualquier posible desprendimiento, fue contestado por el cura Vicente Llopis en una airada carta dirigida al secretario de la Corporación. Los Concejales decidieron no tener en consideración la protesta del cura
"en que no se trata de Monumento Nacional Histórico y si sólo de unos simples paredones de continuo peligro para los peatones, más o menos antiguos, que desdicen de la higiene pública y de los proyectos de urbanización que ha emprendido el
Ayuntamiento". Además, los Concejales hacen constar en Acta que el señor cura fue vocal de la Junta Constructora del Grupo Escolar de donde partió la idea del derribo de estas murallas y no manifestó nada en contra. La demolición se adjudicó a destajo a Pedro Berenguer Boronat, «l, Aca», por la suma de 1.200 pesetas.
El ataque del 22 de Octubre de 1744 supuso la confección de la primera cartografía conocida del pueblo de Calpe. A partir de ese instante se inician una serie de gestiones que dieron como resultado, la fortificación con un doble cinturón de murallas que rodeó completamente la ciudadela primitiva y los arrabales. El 21 de Diciembre de 1746 se le da el visto bueno al proyecto definitivo presentado por el ingeniero Carlos Desnaux, el cual había sufrido varias modificaciones debido al coste y a las dificultades del terreno. El Julio de 1747 ya se encuentra el muro que rodea completamente el arrabal concluido en todo su perímetro y las dos puertas a punto de colocarse.
El 8 de Enero de 1748 el cura de Calpe Roque Vives escribe al Marques de la Ensenada dándole las gracias por las obras ejecutadas. El coste total de dichas obras fue de 64.294 reales de vellón. El 20 de Marzo de 1748 faltaban todavía los dos cañones de a 8 que tenían que ir situados en el baluarte de la Pesa y unos 150 fusiles prometidos por el difunto Marques de Pozoblanco. El recinto exterior quedó con dos puertas, la llamada del Mar (final calle de Puchalt) y la de Altea, junto a la plaza del mercado (plaza de España) . En aquel momento se consideraba que las plazas donde se hacía mercado debían estar comunicadas con el exterior. De este segundo cinturón de muralla no queda nada, sólo unos pocos trozos en algunos patios de las calles José Antonio, Mar y Purísima. El trozo más grande fue demolido al construir el edificio el Portal.
La histórica puerta de la ciudadela, El Portalet, se cambia por una nueva durante las reformas de 1747 a un coste de 400 Reales de vellón. Se repara en 1834 por 38 reales. Con el derribo del emblemático edificio del Portalet en 1927, se cierra una de las páginas más importantes de la historia calpina. Su puerta acabó siendo utilizada como pasarela en el barranco del Quisi y finalmente no pudo resistir el embate de las aguas y fue arrastrada al mar y, seguramente estará en la desembocadura del río. Siendo Alcalde Francisco Camañez se restaura el torreón de la Pesa, se construye el arco y se reparan las murallas en su totalidad. Hace muy pocos años, la Corporación de Javier Morató ornamentó y colocó los cañones que podemos ver en la actualidad".
La expansión de la ciudadela de Calpe durante el siglo XVII y mitad del siglo XVIII había obligado a sus habitadores a residir fuera del antiguo recinto amurallado. Dicho ensanche se había concretado en la consolidación de dos arrabales, uno orientado al sur, ajustado a las cotas de nivel, y otro hacia el este, en los llanos del Salvador. En este arrabal occidental aparecían claramente definidos los viales que hoy son calle Mayor y San José, y en el lado sur las calles Soledad, Pescadores, Puchalt y San Roque.
Las edificaciones del arrabal orientado a mediodía se elevaban sobre bases de mampostería para salvar las diferencias de altura y para permitir una mayor defensa del conjunto. Restos de estas edificaciones se pueden aún contemplar en la actual calle del Mar. Al este del antiguo recinto fortificado se habían habilitado unas dependencias para juegos de pelota, a la altura de la calle Trinquete, hecho que justifica su denominación. La única solución que se había podido habilitar para dotar de alguna prevención y defensa a todo el conjunto de las edificaciones de la villa, era el levantamiento de tapias cerrando el hueco de las bocacalles, de forma que, entre casa y casa se levantaban paredones de corta altura, la que tuviesen las viviendas vecinas entre sí. Dichas muradas serían fáciles de tumbar o escalar, y además debían ser objeto de contínuas reparaciones por su escasa consistencia.
En Mayo de 1745, el cura de Calpe, Mosén Roque Vives, en misiva dirigida al Marqués de la Ensenada, previene de los trágicos sucesos acaecidos en la villa durante el año 1637 y solicita se tomen las oportunas medidas para defender tales insultos con la reparación y mejora de la fortificación entonces existente. En Julio del mismo año el ingeniero jefe Don Nicolás Bodín realizaba un primer reconocimiento sobre el terreno, levantando los primeros planos. La propuesta de Bodín se fundamentaba en que la edificación de un pequeño fuerte con dos cañones para prevenir villa, aduanas y almacenes
"no salvaba a los de Calpe del riesgo a que se veían expuestos ni era medio de acallar sus clamores por lo dilatado de las obras y los costoso de ellas para lo que faltaban caudales en el presupuesto anual de la Generalitat". La solución apuntada por el ingeniero consistía en reparar las antiguas murallas existentes y sus puertas añadiendo un parapeto para poder disparar a cubierto y disponer sobre los cubos de la muralla y la torre del Macho se pusiesen algunos cañones de corto calibre. El informe de Bodín confirmaba que la ciudadela consistía en 25 o 30 casas pequeñas y la mayoría de la población ocupaba los arrabales por lo que una repentina invasión dejaría expuestos "
a personas, mujeres y niños con los frutos de sus cosechas".
Hasta aquí llegó la intervención de nuestro técnico por su fallecimiento repentino. Su levantamiento del plano topográfico sería fuertemente contestado, como veremos posteriormente. Sobre la base de sus planos fue el ingeniero extraordinario Don Diego Ponfrondy quien instruyó la disposición de las murallas , parapetos con sus aspilleras, la colocación de buenas puertas bien herradas y el cierre de todas las bocacalles del arrabal, cegando las puertas y ventanas que dieran al campo y abriéndolas hacia el interior de las calles. El 24 de Mayo de 1746 un nuevo informe del ingeniero Don Carlos Desnaux contradice lo aconsejado por Ponfondry. El informe revela que tras el reconocimiento in situ, el cierre de bocacalles, puertas y ventanas del arrabal
"es obra de poca utilidad para su defensa por ser las casas que miran a la campaña de diferentes alturas y partidas de mala construcción, de manera que se pueden hacer con mucha facilidad aberturas en los malos muros de ellas y entrar en dicho arrabal, o subir por los tejados. Además cerrando puertas y ventanas quedarían la mayor parte de las casas inútiles por no tener ni salida ni luz y otros
inconvenientes". De hecho el acometer las obras como señalaba Ponfondry hubiera sido un trabajo menor, pues con pocos medios se habría mejorado el sistema de defensa promovido por los propios calpinos que ya se había probado insuficiente.
El proyecto que presenta Desnaux, en primer lugar, tras las valoraciones esgrimidas, contempla el amurallamiento exterior de la villa con el refuerzo de cuatro baluartes, flancos y banquetas de pequeñas dimensiones. Los muros se proyectan muy ceñidos a las edificaciones existentes. Es evidente que se intenta economizar al máximo el coste de la obra, pero el documento presenta algunos inconvenientes. En primer lugar, se dificulta la posible futura expansión de la nueva ciudadela, y en segundo, los baluartes no protegen eficazmente las puertas de Altea y el Mar. Por otro lado, las condiciones orográficas son determinantes al diseñar el emplazamiento y en todo momento el factor económico preside las deliberaciones de los técnicos.
Finalmente los argumentos de mayor eficacia defensiva y expansiva triunfan, se aprueba un proyecto que contempla el amurallamiento exterior de los arrabales con distintos criterios; estamos a inicios de 1747.
El trazado definitivo se compone de cinco baluartes, de planta trapezoidal, cerrados por los lienzos de murada, con un perímetro de recinto de unas 400 toesas, unos 780 metros lineales, con las siguientes características:
1.- Baluarte del Rey.
Bautizado en honor del rey Fernando VI, se situaba en el extremo sureste de la villa, formando vértice con la hoy avenida de Ifach y calle del Mar. Ambos lados eran de una base de 25 metros cada uno, y contaba con unos 250 m2 de superficie de banqueta. El lienzo de muralla que transcurría por las medianeras posteriores del ayuntamiento actual, conectaba con el segundo bastión:
2.- Baluarte de la Reina.
Construido con tal denominación en homenaje a la reina, Doña Bárbara de Braganza, Infanta de Portugal. Se localizaba en la confluencia de la actual calle del Cristo con la avenida de Ifach, invadiendo su fachada orientada al oeste. Era de más pequeñas dimensiones, unos 200 m2, con dos flancos en cuña de 20 metros cada uno, y de él arrancaba la murada a buscar el tercer bastión:
3.-Medio baluarte de la Iglesia.
Recibe la denominación por su proximidad al templo parroquial. El arranque era próximo al inicio de la actual calle Trinquete desde el casco, entrando en cuña a invadir y atravesar la calle Paternina y entroncaba con el muro en la fachada orientada al norte de la hoy calle Campanario. Su superficie era de unos 100 m2, con un flanco oeste de 28 metros de largo.
4.- Medio baluarte de Santa María
De mayores dimensiones, unos 450 m2, protegía la puerta de Altea y las incursiones por el camino de Alicante, con una fachada oeste de 38 metros. Corrían sus lienzos a lo largo de las medianeras de las actuales calle Cervantes y José Antonio hasta cerrarse en ángulos con la fachada orientada al sur de la calle San José. De este punto arrancaba la murada en dirección sur, a lo largo de las medianeras traseras de las futuras viviendas de la calle Purísima hasta el siguiente bastión.
5.- Baluarte de San Salvador.
Partía el baluarte de la medianera trasera de la Casa de la Señoreta a buscar la también medianera trasera de la Escuela de Pesca. De ahí, se cerraba al lado este de la calle Soledad. Alcanzaba un área de 200 m2, con un flanco a poniente de 30 metros.
6.- Baluarte de la Morería.
Resguardaba los posibles ataques por la Puerta del Mar junto al Baluarte del Rey. De muy pequeña superficie, unos 60 m2, se localizaba sobre las escaleras actuales que desembocan de la calle Pescadores en la del Mar. Su nombre se debe por la proximidad al paraje donde se ubicaba la antigua morería, próxima a la Avenida de Masnou actual.
A lo largo de este recinto con sus banquetas de tierra que permitían ganar altura intramuros, se señalaba una zona que no podía llegar los vecinos de dicha villa con la fábrica de sus casas y plantío de sus árboles, y corresponde a un deslinde marcado con fitas, que guardaba una distancia con el muro que variaba de 5 a 20 metros según las zonas.
Nos parece interesante presentar las cuentas finales de la ejecución, que como suele suceder exceden del presupuesto inicialmente aprobado, y para tal fín hemos convertido en medidas y valoraciones actuales las recogidas en el documento originario. (Toesa= 1,949 metros, como medida de longitud, superficie y volumen, y 1.000 reales de vellón= 1,50 , como valor monetario).
"Relación última y definitiva del nuevo recinto de fortificación que de orden de S.M. se ha constituido para resguardar la Villa de Calpe contra las incursiones de los moros con expresión de toda la mampostería que se ha gastado en su formación desde los cimientos inclusive hasta su coronamiento o remate como en la formación de banquetas y demás gastos que en ella se expresa, y es como se sigue:
CIMIENTOS: Se ha gastado en el cimiento de todo el expresado recinto, sesenta y tres toesas cúbicas, un pie y ocho pulgadas de otra (465 m3) que al respecto de ciento cuarenta y ocho reales de vellón cada toesa de mampostería importan nueve mil trescientos sesenta y cinco reales de vellón. (Euros 14/ 2.338 pts).
MAMPOSTERÍA ENCIMA DEL CIMIENTO: En toda la circunferencia del referido recinto hasta su remate comprendido las puertas, pies derechos para la formación de las bóvedas de dichas puertas, contrafuerte de las citadas bóvedas, remates, y nueve caños que se han formado en los parajes que han convenido para la despedida de las aguas, con algunas pequeñas paredes del alto, y ancho de las banquetas para sostener las tierras se han gastado trescientos y seis toesas cúbicas de mampostería (2.265 m3), que al citado precio de ciento cuarenta y ocho reales de vellón, importan la cantidad de cuarenta y cinco mil doscientos ochenta y ocho reales de vellón. (Euros 68/ 11.356 pts).
BANQUETAS DE TIERRA POR LA PARTE INFERIOR: Para la formación de las banquetas interiormente, y en toda su circunferencia se han gastado doscientas setenta y dos toesas y ocho pulgadas cúbicas (2.012 m3) de tierra que importan cuatro mil seiscientos veinticinco reales y veintinueve maravedís más de vellón al precio de diecisiete reales de la misma moneda. (Euros 7/ 1.169 pts).
EMPEDRADO EN LAS DOS PUERTAS DE ALTEA, Y DEL MAR: En cada una de estas puertas se ha dispuesto un empedrado interior y exteriormente para que no se acumulen lodos en sus inmediaciones y consiguen las aguas fácil y pronta salida por los caños colaterales que en ellas se han dispuesto y cada empedrado contiene ocho toesas cuadradas superficiales (30 m2) que al mismo precio de diecisiete reales por cada una de las referidas toesas cuadradas, como si lo fuesen cúbicas, de tierra pertenecientes a banquetas importan las dieciseis doscientos setenta y dos reales de vellón. (Euros 0,40/ 68 pts).
DESMONTE DE TERRENOS DEMASIADO ELEVADOS AL PIE DE LA MURALLA POR LA PARTE EXTERIOR DE ESTE NUEVO RECINTO: En diferentes parajes de este nuevo recinto se ha desmontado veintiseis toesas cuatro pies y seis pulgadas (193 m3) de tierra que al mismo precio de los diecisiete reales de vellón importan cuatrocientos cincuenta y cuatro reales y veinticinco maravedís. (Euros 0,68/ 113,5 pts).
JORNALES DE PEONES Y OTROS GASTOS CAUSADOS EN ALLANAMIENTOS, EXCAVACIONES Y TRANSPORTE DE TIERRAS: Por ciento treinta y cinco jornales de peón, y treinta y cuatro de caballerías mayores causados en allanar y rebajar alturas de terrenos y transporte de tierra importan cuatrocientos sesenta y seis reales y seis maravedís de vellón. (Euros 0,7/ 117 pts).
Por ocho toesas tres pies y nueve pulgadas (59 m3) de excavación de terrenos al respecto de cinco reales por toesa, importan cuarenta y tres reales y cuatro maravedís. (Euros 0,06/ 10 pts).
Por ciento ochenta y seis reales de vellón (Euros 0,28/ 46,5 pts) por sesenta y dos jornales de peones que se ocuparon en transporte de tierra para diferentes terraplenes. (1 jornal= 3 reales=Euros 0,0045 / 0,75 pts).
Se han empleado ciento cuarenta y ocho jornales en allanamiento de tierras que a tres reales de vellón casa uno importan ciento cuarenta y cuatro reales de vellón. (Euros 0,14/ 25,5 pts).
PUERTAS CON SUS POSTIGOS: Por las dos puertas que se han construido de ocho pies de ancho (3 mtrs) y nueve pies de alto (3,35 mts), comprendiendo todo el herraje con sus cerrojos y llaves guarnecidas de clavos de cabeza gorda pintadas con almagra para su permanencia y puestas cada una en su lugar importan tres mil ciento cincuenta reales de vellón. (Euros 4,72/ 789 pts).
Hemos calculado el perímetro total del recinto en unos 780 metros lineales, y estimamos que las murallas se levantarían a una altura aproximada de 4,5 mtros y un anchura de 0, 60. Estas dimensiones nos daría un volumen total de muro de 2.106 m3, cifra que casa perfectamente con los cálculos del ingeniero, que además incluyen las coronaciones de las puertas, refuerzos de murada y otros elementos de defensa consolidacion de la obra.
El coste total de las obras, presentado en Valencia el 24 de Septiembre de 1747, excede en mucho las estimaciones del proyecto inicial, y da lugar a un requerimiento del Marqués de Pozo Blanco al responsable director de las mismas, don Juan Bautista French, para que justifique tal desajuste. A instancias del Brigadier ingeniero director Desnaux, French remite al Marqués sus motivos. En su respetuosa carta lamenta ser tratado como un "Ingeniero recién salido de la academia" y justifica el exceso del coste de ejecución porque
"visto el original del proyecto en nada es semejante al terreno, y sabiendo Vd mucho mejor que yo que los planos sobre los cuales se intenta formar un proyesto deben hacerse con la mayor exactitud y cuidado, y deben sobre todas cosas representar y dar un perfecto conocimiento de la naturaleza y forma y figura del terreno sobre el cual se intenta proyectar, para cuya razón estas comisiones suelen darse siempre a los ingenieros más hábiles y más inteligentes, como lo he visto practicar de 21 años a esta parte en el cuerpo, siendo imposible que algunos que son de el de 32, y salieron de la infantería adultos ya, porque sabían que era punto línea y los primeros rudimentos de la fortificación, creyéndose grandes hombres de esto, sean capaces nunca de representar sobre un plano un terreno sin tropiezo, porque este arte y ciencia sólo la aprenden los ingenieros mozos , trabajando en el cuerpo bajo la dirección de ancianos inteligentes y
sabios".
Con todo la villa calpina había quedado convenientemente resguardada, y el siguiente paso era conseguir nuevas dotaciones para proteger las embarcaciones en la Chechina del Bol, y preservar de cualquier contrariedad el surgidero de la Fosa, donde ya se proyectaba el Fuerte de Gallicant.
Esta obra se llevó a cabo poco tiempo después y contaba con las siguientes características según el proyecto:
Su planta era semicircular con una fachada orientada a poniente, flanqueada por dos bastiones. Su frente era de 17 metros con un fondo de 14. La entrada principal de 2 metros se levantaba también a dos de la rasante del firme. Sobre el portón lucía el escudo real de Fernando VI.
En un pequeño descansillo se localizaban dos rampas de 4 metros de largo y 1 de ancho. La primera conducía a la planta inferior donde se localizaban las dependencias, y la otra a la superior que llevaba a la plataforma exterior donde se encontraban los elementos defensivos y la garita de guardia. Ambas alturas se encontraban provistas de aspilleras. Los muros eran de 1,5 metros de anchura que ocupaban gran parte del volumen edificado del fortín.
La planta inferior contaba con una estancia para el cuerpo de guardia de unos 13 m2 útiles; dos cocinas de unos 3 m2 cada una; dos
dependencias para el alcaide de la guarnición que ambas sumaban unos 15 m2; un pequeño
almacén de provisiones de algo más de 6 m2; un almacén de pólvora de unos 7, y 8 m2 de caballerizas. Exiguas dimensiones que alcanzaban una superficie aproximada de unos 70 m2. La
altura de piso a forjado era de 5 metros.
Los fines de la fortificación eran claramente tres: en primer lugar dotar de defensa a las embarcaciones que se refugiaban en el pequeño puerto de Gallicant, la que hoy conocemos por playa de la Caleta; en segundo lugar custodiar el surgidero de agua potable, posteriormente denominado pozo de los marineros, y por último alertar a la villa de cualquier peligro inminente. Por otra parte también era un elemento defensivo importante para las cercanas salinas reales.
Su situación sería próxima a la punta costera de Argueles, en las inmediaciones del antiguo cuartel de la guardia civil de la Fossa. Debió de quedar arruinado a finales del siglo XIX.
Otra obra de importancia fue el Torreón de San Pedro, situado en las inmediaciones
de la playa en la partida Quintanes. Se edificó al mismo tiempo que el Fuerte de Gallicant. Fue diseñado para defensa de embarcaciones y aduanas de la playa del Bol.
Sus características eran las siguientes: la torre contaba con una fachada orientada a norte de 13 metros y un fondo de 15. Su altura total era de 17 metros. Su acceso se encontraba en fachada, con una puerta que se elevaba a 7,5 metros del firme. Contaba con tres forjados a los que se accedía por una estrecha escalera. Los muros eran de 2 metros de ancho en su parte inferior rebajándose a 1,5 en la parte superior.
En la planta inferior se encontraba una estancia con caponera para defender las avenidas. En la segunda se encontraba el acceso exterior, tramo de escaleras, y una habitación de unos 30 m2 para el cuerpo de guardia. En la planta superior tenía una plataforma de 30 m2, capaz de albergar 2 cañones, y un cuarto de 28 m2 para armamentos de artillería con aspilleras y matacán. La fachada también contaba con escudo de armas real.
Su decadencia puede situarse a finales del siglo XIX, pero hasta hace muy pocos años se podían encontrar las ruinas de su base en la partida donde se hallaba.
A lo largo del siglo XIX, el peligro pirático desaparece como amenaza perenne para los habitadores de la villa, aunque el azote de las guerras carlistas y el bandolerismo está presente; pero el incremento de habitadores dicta la necesidad de expansión del núcleo amurallado. La ciudadela crece principalmente por su vertiente norte con el trazado del vial de la calle calvario y hacia el sur y este con los pequeños arrabales del Mar y calle Trinquete. Se deshabilita a este fín la antigua puerta de Altea y la puerta del mar y se derriban los conjuntos de muralla que cierran los accesos de la calle del Cristo y San José hacia la Torreta y los llanos del Salvador al oeste, y la calle del Trinquete y Cementerio Viejo hacia el este. Los fragmentos de roca resultantes del derribo y desmoche de los lienzos de muralla son utilizados como material para nuevas edificaciones.
Hemos querido, ya que las fuentes anteriores a finales del siglo XIX son inexistentes y no nos lo permiten mas
atrás de ese tiempo, conocer el aspecto humano -intrascendente a efectos
históricos generales- el que vincula un nombre, apellidos o apodo, a una casa, y esta a una calle y su devenir en el tiempo.
A partir del listado de electores de 1871 -para las elecciones de diputado provincial- hemos podido elaborar un censo de las viviendas ocupadas por los vecinos cabezas con derecho a voto, que en todo caso pueden ser propietarios, familiares o inquilinos residentes en las mismas.
En 1871, tiempos de república, nuestro Ayuntamiento estaba presidido por Pedro García Mulet, y el secretario municipal era don José Sala Narbó, abogado. El médico era don Nicasio Llorca, el alguacil, José Bertomeu Oriola, Maximiliano Llorca encargado del reloj, y don José Molla Gardea era el presbítero. El presupuesto municipal ascendía a 11.870,92 pesetas con un total de gastos de 11.854, por lo que se cerró eñ ejercicio con superavit. El cobro de de los impuestos se encontraba arrendado a Jaime Crespo Ferrer y Francisco Mulet. Los colegios electorales a efectos de votaciones se encontraban en la casa consistorial, y en las de Francisco García Mulet y Pedro Boronat Perles.
También vamos a aportar la información reflejada en el Censo Urbano de fincas y solares de 1893 que ilustra los valores y características de las viviendas de finales de ese siglo. En este caso se refiere a sus propietarios. En ese año era también alcalde Pedro García Mulet y alguacil José Bertomeu Oriola. Desgraciadamente la situación económica no era tan boyante, y el déficit municipal se enjugaba con la carga del odiado impuesto de consumos.
Finalmente relacionaremos los vecinos calpinos por calles y numero de policía
en 1955, a partir de los censos electorales del año. Nos referiremos pues a los ocupantes de dichas viviendas, no necesariamente propietarios, pocos años antes de iniciarse el despegue
económico y urbanístico promovidos por el fenómeno turístico.
Iniciamos pues nuestro recorrido por las calles calpinas del último tercio del siglo XIX.