CALPE, TIERRA Y ALMAS. volumen II                                    volver al índice
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UNAS PALABRAS.        

      

     La publicación del presente libro supone la consecución de la segunda parte de un trabajo que dimos por iniciado algunos años atrás. Obra prometida sólo a nosotros mismos, más en un ejercicio de obstinación que de constancia.

     Como ya dejamos escrito en nuestro “Umbral” de la primera entrega, la labor va dirigida a un limitado numero de individuos, sin más pretensión que la de reunir, en unos kilos de papel, las evidencias dispersas u olvidadas que pueden glosar la humilde historia de muchos personajes rurales locales, con sus hechos y vivencias pasadas, situados en el devenir de una pequeña y antigua comunidad: la calpina. Nada habría resultado más desalentador para los firmantes que comprobar que dicho acervo cultural, acopiado con no demasiada ciencia, pero con santa paciencia, hubiera pasado inadvertido o ignorado por sus legítimos interesados.

     Pero no ha resultado así, y hemos de agradecer el amplio eco y cariñoso reconocimiento que hemos recibido de muchos de nuestros lectores, que no han dudado en refrendar datos, ampliar información, o incluso perfeccionarla. Nuestra página en internet ha recibido correos desde diversas partes de Europa y América solicitando ejemplares, especialmente desde Francia; y ha resultado para nosotros muy gratificante el tomar contacto con familias de antiguo origen calpino -hoy de nacionalidad francesa y con apellidos bien distintos- que han descubierto a través de nuestro trabajo las raíces de un abuelo o bisabuelo oriundo de Calpe, emigrante que creó nuevos lazos humanos al establecerse en Argel y u Orán en algún momento del siglo XIX. Con estas muestra, nos ha resultado muy sencillo impulsar esta nueva aportación que hoy dejamos presentada.

      Somos plenamente conscientes de que esta obra cuenta con un punto de atrevimiento, pues la documentación que manejamos incide en el patrimonio moral familiar que se ancla en lo más profundo del individuo: su raíz de sangre y suelo. Algunos encontrarán nuestras aportaciones a su historia familiar como amplias y documentadas; otros como incompletas o escasas. Se pensará, pues, que la información recabada por nuestra parte se ha discriminado por criterios de relevancia social, amistad u otros motivos. Nada más falso. Las fuentes de nuestra ilustración han aflorado con voluntad caprichosa, y el azar ha distribuido tiempo y espacio.

     Un elemento de constante preocupación para nosotros, por lo tanto, ha sido el de procurar unas contribuciones homogéneas que ilustren a las distintas estirpes por igual. En la mayoría de los casos las ramas familiares se hallan incompletas, al no encontrase trazos ni evidencias documentales u orales sobre muchos individuos. Muchos testimonios recogidos vía entrevista pueden ser parcialmente erróneos, pues no cuentan con la frialdad, exactitud y objetividad que ofrece la documentación de archivo. Con todo, aceptamos el reto, esperando que la comprensión del lector pueda equipararse a nuestro esfuerzo y entusiasmo. Táchese esta obra de imperfecta, pero convéngase que es preferible que sea así, antes que inexistente.

      Nuestro prologuista amigo ha enfocado extensa y convenientemente la temática del nuevo libro en su primera parte, en particular en lo referente a los avatares políticos locales del siglo XIX que estudiamos. Consideramos necesario aportar a cada período expuesto una relación cronológica de los sucesos acaecidos en el ámbito nacional, acontecimientos que obviamente marcaron las rutas del devenir de nuestra localidad.

       Para el capítulo referente a la villa de Calpe y sus fortificaciones hemos contado con la notable colaboración de nuestro amigo Andrés Ortolá Tomás, incansable investigador que lleva lustros escarbando y aflorando un material indispensable para dar a conocer testimonios de nuestro pasado; labor callada en vías de reconocimiento.

       Hemos intentado –concluimos- rescatar multitud de pequeños datos, reunirlos, darles forma, esperando que los receptores de nuestro esfuerzo investiguen por su parte y compartan con nosotros las emociones que nos procuramos.

       La segunda parte de este libro trata sobre las tierras que conforman las laderas de la sierra de Oltá, con sus habitadores del pasado, hitos paisajísticos y pequeñas hazañas rurales. Aunque debemos declarar que el viejo corazón del Calpe rústico únicamente late, amortiguado, en los aparentemente lejanos parajes del poniente calpino. Hoy, siglo XXI, las partidas de Canelles y el Barranco Salado, heridas ambas por la rotunda contaminación de la autopista A7 en su breve paso por el término, no son más que los continentes de pequeños predios hundidos entre montes y pedregales, sangrados por cauces secos, vestigiados por algunas masías en ruinas, pinos desgajados, roca y risco.

       Siempre vivió el alma de estos parajes casi ajena, a espaldas, de la otra vida de los pueblos cercanos, como si no fuera con ella el lento devenir de la rutina rural de sus comunidades. La naturaleza las dotó de tierras secas, calcáreas y arcillosas que fueron recurso de industria para los lugareños, y fue generosa en el alumbramiento de pequeños caudales emergentes por las correntías de Oltá y Bernia. En sus lugares florecieron los linajes campesinos, poblando las heredades anejas a los casalicios del rico, las fuentes, los senderos viejos, los llanos escondidos y las quebradas.

       Contaba un anciano, habitador por siempre del paraje de la Mola, ya fallecido, que aquel lugar era el «paraíso». Y lo señalaba desde la devoción y el convencimiento. Tierra pobre si se quiere, pero humildemente generosa. Cereales de quinta, almendros de cuarta, pero a manos llenas sus frutos. Vino se hacía, del mejor y en cantidad, pues no faltaban los «cups» en las sencillas haciendas. Las fuentecillas facilitaban el apaño de concienzudas acequias, con sus fuentes de mina para el hombre y el ganado; agua fresca del cantal que se repartía democráticamente monte abajo como si una solidaridad providencial la generara y la distribuyese.

       Para muchos habitantes del Calpe actual Canelles y el Barranco Salado son partidas inexistentes por desconocidas. Hoy son mayormente recorridas por los amigos del senderismo, por los cazadores, por los empleados municipales, quienes se ven permanentemente acompañados por el insoportable run rún del tráfico rodado que perturba la tranquilidad de los lugares. De cuando en cuando el fuego, accidental o provocado, arruina pinares y asola monte bajo y matorrales, degradando aún más el entorno agreste de sus gargantas y sus laderas.

       No había mejor caldo que el zumo de guijarro; agua de sierra a la sombra de la piedra. Resuena todavía, lánguido y apenas perceptible, un canto antiguo y serrano de labrador por las barranqueras del Salado, y uno se desconcierta al escuchar en boca de muchos calpinos de hoy, el reconocimiento de no haber puesto nunca un pie por tales terrones.

Los Autores. 

                            

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