CALPE, TIERRA Y ALMAS. volumen II                                    volver al índice
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PRÓLOGO.        

       A finales de la pasada primavera, se presentó el libro: Calpe, tierra y almas de José Luis Luri Prieto y José Antonio Sala Jorro. El conocimiento exhaustivo que ambos autores tienen del municipio calpino, una profunda investigación archivística y bibliográfica, y el recurso a los archivos vivos, que son toda persona que conserve vivencias y recuerdos, les permitió aproximarse a aspectos históricos, etnográficos, genealógicos, toponímicos y económicos de Calpe.

        Hoy nos presentan un nuevo trabajo. Sobre el cañamazo de los datos históricos generales, van bordando los avatares de la historia calpina en su camino hacia el presente, llamado enfática -¿justamente?- “modernidad”.

        Este camino no ha sido una vereda sombreada y amena. No arranca en nuestro entorno; estamos alejados de cualquier centro político, económico o de pensamiento, somos periferia. Los cambios, fueron iniciados por pensadores centroeuropeos que criticaron el absolutismo real, el poder de la aristocracia y la alianza trono-altar. Se empezó a andar con la Revolución americana y en el viejo continente el estallido de la Revolución francesa y sus repercusiones, expandieron por toda el occidente europeo las ideas de aquellos burgueses revolucionarios.

         La semilla de conceptos igualitarios (soberanía nacional, división de poderes, libertades políticas y de pensamiento, etc.), de economía libre, de propiedad individual, etc. etc., en resumen: el liberalismo en sus múltiples facetas y matices, también llegó a España.

         Desde las Cortes de Cádiz (1812) hasta la Restauración, pasando por el ominoso gobierno fernandino, el reinado de Isabel II (reina que nunca estuvo a la altura de las expectativas generadas) y el Sexenio Revolucionario, se fueron introduciendo estas novedades políticas en España con lentitud y cautela, ayudadas a veces por algún que otro empujón revolucionario.

         En nuestro entorno se desamortizaron las tierras eclesiásticas y de señorío. Con la venta de las mismas se favoreció a una incipiente burguesía. Al duro precio de inmovilizar capitales en la compra de tierras (apartándolos de una posible inversión en la industria), esta flamante clase social, ligó su destino a las nuevas ideas evitando el pensamiento carlista, retrógrado y ultramontano, mantenido en lugares de pequeña propiedad agraria y de fuerte sentimiento foralista. Las capas más pobres de la población sufrieron una fuerte proletarización: sólo eran brazos que se alquilaban. Se creó una administración nueva: la provincia, al socaire de una arbitraria división perpetrada en un gabinete centralista, y se potenció, adaptándola a los nuevos vientos, una administración de gran solera y muy próximas a los administrados: los ayuntamientos.

        Éste es uno de los objetivos del presente trabajo. José Luis Luri Prieto y José Antonio Sala Jorro han desenmarañado los tortuosos caminos de la administración municipal en un siglo lleno de cambios y novedades. Los autores nos dicen quienes eran los alcaldes, concejales y funcionarios. Rastrean los censos de población, los recursos de cada época, el avance de la democracia a través de tímidas reformas que ampliaron el número de electores en los sufragios. Por ellos hemos sabido quienes eran los políticos locales, sus correligionarios, sus adversarios, incluso los enemigos (con algunos asesinatos de tinte político cometidos en las calles de Calpe). Perdidos los archivos locales, han tenido que vaciar expedientes y legajos en otros archivos de pueblos cercanos y en los provinciales. Dura tarea: solitaria e ingrata a veces; jubilosa y exultante ante la exhumación de un documento que el investigador juzga como concluyente para su trabajo.

          Los autores han recreado la  época y la administración que se superpone y actúa sobre el paisaje y el paisanaje – tierra y almas- de los que nos hablaron en la entrega precedente. Este parte del presente trabajo, es la lógica continuación del anterior. Han analizado la partidas rurales de Caselles, Barranco Salado, La Mola y Olta, con método y dedicación similar al estudio de la partida de “La Cometa”  ya investigada en el primer tomo. También han examinado la evolución del caserío calpino. Estos estudios, al tratarse de una población amurallada, son muy interesantes. Las murallas incapacitaban el desarrollo urbano, y a lo largo del s. XIX se aspiró a su demolición.

          Muchos son los temas calpinos que quedan: el mar, la emigración, la primera mitad del siglo XX, el desarrollismo, los nuevos calpinos ... Un ingente programa. Sólo la tenacidad y la sensibilidad de J. L. Luri y J. A. Sala podrán desbrozar la selva documental que les espera, la fatiga sobrevenida ante las dificultades, las incomprensiones ...

         Todos los que creemos que el conocimiento del pasado ayuda a entender el presente y mejorar el futuro, agradecemos el libro que ahora tenemos en nuestras manos y esperamos los nuevos trabajos, impacientemente.

Juan Pedro Martínez Solbes.
Cataloguista de la Biblioteca y del Archivo de la “Casa de Orduña” de Castell de Guadalest

 

                            

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