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CALPE, TIERRA Y ALMAS.
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Quizá la figura más preclara de los
LOS ANDRÉS
La familia Andrés es originaria de la villa de Planes,
familia de gran peso económico, mantienen una postura de bajo
perfil en la vida política local. Destaca la figura de don
Francisco Andrés Feliu, alcalde de Benissa,
quien en la segunda mitad del siglo XIX, aparece como
principal contribuyente de la población.
De los Andrés históricos, no podemos olvidar al jesuita
Juan Andrés Morell, protegido del
Rey Carlos III.
A mediados del siglo XIX, las posesiones rústicas benisseras
de los Andrés se encuentran bajo la titularidad de don Miguel
Andrés Andrés Torres. Se trata de 14 heredades, Fanadix, Casa
Vieja, La Costa, Casa mía, Tros Vell, entre otras, con una
superficie catastrada de 673 hanegadas, unos 559.263 m3, y un
valor en renta de 3.154 reales. Entre los inmuebles urbanos
relacionamos 5 fincas en la calle Mayor, valoradas en 2.262
reales, 1 en la Plaza de la Iglesia, tasada en 360 reales y
algunas casas de labor.
LOS FELIU
Su fervor religioso, distintivo de nobleza y trascendencia,
se plasma en el Patronato de una Capilla con su sepultura y dos
altares en la Iglesia Parroquial de Benissa, en los que se hallan
esculpidas las armas de la saga.
Durante el siglo XIX el matrimonio entre José Feliu Sala y
Consolación Rodríguez de la Encina, Alcalde de Benissa él en
1860, da lugar a las ramas más actuales del apellido.
Consolación era hija de don José Rodríguez de la Encina,
Brigadier de la Real Armada.
El peso económico de los Feliu a mediados del siglo XIX es
muy importante. Sólo en Benissa, su principal miembro José Feliu
Sala, ostenta la titularidad de 13 casas en la villa, y 24
heredades con 452 hanegadas de superficie de tierra cultivada.
IVARS DEL POBIL
Su ascendencia en la villa benissera es especialmente
decisiva en los siglos XVII y XVIII; de hecho obtienen el
privilegio de Hidalguía en 1797 a propuesta de don José Ivars
del Pobil y Feliu, y se constituyen como la familia más poderosa
de la población. Clara Ivars del Pobil, madre de don José
Atanasio Torres, es el último eslabón familiar que vuelca todo
el patrimonio de la Casta en manos de los Torres. Sus antecedentes
como militares y ricos hacendados, como personajes de una
indudable trascendencia en la vida política local y comarcal, se
ven cercenados por la falta de descendencia a partir de principios
del siglo XIX. Hasta entonces sus miembros habían resultados muy
apetecibles, como elementos de cohesión y consolidación de los
linajes a través de la política matrimonial destinada a reunir
patrimonios e incrementar influencias.
Doña Clara, hija de José Ivars del Pobil Feliu y
Francisca Trilles Feliu, poseía ,en 1860, 10 casas en la
localidad benisera, y 4 importantes fincas de labor. Sus 23
heredades, repartidas por Biñent, Cardos, Canelles, Costas,
Moserech, etc..., alcanzaban las 1.300 hanegadas de extensión,
con un valor en renta de más de 3.000 reales.
LOS TORRES
Don Joaquín había nacido en Guadalest en 1821, y era uno de los
principales propietarios de la comarca. Ser políticamente
mimético, adaptable a cualquier circunstancia desde la época de
Isabel II, defiende posturas moderadas, fue Diputado Provincial en
1856, y Presidente del Consejo Provincial y Gobernador Civil de
Alicante en el bienio 65-66. De gran influencia en toda la Marina,
defendió las posturas conservadoras de la Restauración,
imponiendo su ascendencia sobre todas las clases. Falleció en
1897, dejando su testigo político en manos de su sobrino, el
poderoso cacique conservador don Antonio Torres Orduña.
Durante estas décadas los Abargues también habían
emparentado con los Torres, don Joaquín Abarques Domenech casó
con Clara Torres Orduña como indicamos, y se cerraba el círculo
con el también matrimonio de su hermana Mariana Torres Orduña
con don Joaquín Piera Torres, a la sazón prócer de los
acomodados Piera de Javea. Si nos remontamos a 1860, los libros de
amillaramientos municipales de Benissa nos demuestran que el
patrimonio rústico de los Torres benisseros es extensísimo,
compuesto por 40 heredades, con una extensión en hanegadas de
1.619, no olvidemos que las superficies catastrales son muy poco
fiables, y se reducían oficialmente para beneficio fiscal del
interesado. En el capítulo de bienes urbanos poseen 12 casas en
la población, en las calles principales, junto con seis grandes
masías en el campo, corrales y apriscos.
A lo largo de la segunda parte de este libro estudiaremos
con detalle la genealogía de estas familias, aplicando el
desarrollo de las distintas ramas en función del título de
propiedad de los inmuebles calpinos que se describirán.
(Para consulta detallada rogamos impriman el gráfico)
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