CALPE, TIERRA Y ALMAS.                                    volver al índice
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SECTORES ECONÓMICOS EN 1900. CALPE Y BENISSA. ANALFABETISMO.

      La situación geográfica de vecindad de las poblaciones de Calpe y Benissa, revela que sus habitadores mantuvieron históricamente una relación cotidiana con ambas villas, motivada por los vínculos sociales impuestos por la tenencia de la propiedad de la tierra y la conveniente proximidad de esta última como centro económico de mayor importancia. Nos encontramos, como ya hemos documentado, ante un marco social de desigualdad patente. Si las mejores fincas rústicas de Benissa, por extensión y calidad, se hallan en manos de la oligarquía terrateniente local, las principales explotaciones calpinas también se encuentran bajo la titularidad de los mismos ricos hacendados. Por otra parte los vecinos de Calpe se ven obligados a acudir a la población benisera con el fin de adquirir determinados bienes y servicios inexistentes en la suya. 

La Villa de Calpe en los estertores del Siglo XIX se descubre encaramada a un pequeño cerro, con la vista puesta en los verdes llanos, los montes abancalados y su fondo de mar azul. Tierra mal repartida, seca por la ausencia del bien más necesario, con muchos de sus hombres confinados a ganarse el sustento con las artes milenarias de la pesca, desheredados por la pobreza o la mala fortuna.

Si en tiempos remotos el Castillo de Calpe abarcó un amplio territorio que abrazaba varios términos municipales, la partición y segregación de los mismos propició nuevos márgenes físicos que condicionaron el devenir histórico de este rincón mediterráneo. Los rasgos morfológicos del terreno incidieron de forma determinante en los usos y vida cotidiana de sus habitadores, así podemos distinguir una tendencia secular de incomunicación hacia las poblaciones del sur, motivado por el aislamiento físico e incluso psicológico que suponía la barrera pétrea de las estribaciones de la sierra de Bernia con su paso accidentado y tortuoso por el Collado de Calpe o Mascarat hacia Altea.

Sólo en el último tercio del siglo pasado se superó finalmente este condicionamiento con la apertura de túneles y el nuevo trazado de la carretera de Alicante a Silla. Por este motivo son mucho más importantes los lazos que unen a Calpe con la villa de Benissa, aunque no sólo por una mera cuestión de vecindad sino por los referidos aspectos económicos y humanos en los que vamos profundizando.

La sociedad benisera presenta a principios del siglo XX unas capas bien diferenciadas:

1.- La oligarquía terrateniente.

Representada por cuatro familias hacendadas que controlan los medios de producción y ostentan el poder político municipal. Proceden de los antiguos linajes locales y su influencia es decisiva en la vida cotidiana local. Su vasto patrimonio rústico ha sido mantenido y engrosado durante generaciones por medio de la férrea costumbre de la indivisibilidad de la herencia y la política de enlaces matrimoniales entre clanes.

2.- Los pequeños propietarios labradores, arrendatarios y aparceros, comerciantes, profesionales e industriales.

Abarcan un sector minoritario. Los labradores subsisten en una economía doméstica de autoconsumo destinando al trueque sus excedentes de producción. Los oficios del calzado, artesanales y los afines al sector de la construcción constituyen la humilde clase media que simultánea sus industrias con las pequeñas explotaciones agrícolas familiares. Los profesionales liberales y funcionarios completan esta capa. 

3.- Los jornaleros.

Sobreviven en condiciones miserables y se ven obligados a emigrar temporalmente a poblaciones cercanas para asegurarse unos ingresos en determinadas épocas del año.

La Sociedad calpina ofrece algunos aspectos diferenciadores en sus estratos sociales:

1.- Los pequeños propietarios, aparceros y arrendatarios, profesionales e industriales.
Sector reducido que vive de explotaciones agrícolas minifundistas y de oficios afines a la construcción y a la pesca que alternan con las labores propias del campo.


2.- Los jornaleros y hombres de la mar.

Que conforman las clases más humildes y sobreviven en situación azarosa.

El estudio de los sectores económicos de Benissa y Calpe en el año 1900, a partir de los listados de electores de ese año, nos introduce en la realidad económica de una sociedad en la que el 85-92% de la misma se encuentra ocupada, y no siempre activamente, en el sector primario. En el caso calpino el 65% de los vecinos cabeza de familia se dedican a las faenas del campo y un 25% a las tareas de la mar. 

De todos los vecinos censados un 36% son jornaleros que no labran tierras propias, 191 individuos que cuentan con una edad media de 38 años. El promedio de edad de los labradores es decir, los que trabajan sus propias fincas, es de 52 años. Estos datos indican que en muchas familias los hijos laboran los predios de la casa familiar a la vez que son contratados para trabajos eventuales en otras heredades, recayendo la titularidad de las fincas domésticas y su uso bajo el padre.

Los hombres de la mar, en número de 140, cuentan con una edad media de 45 años, indicador que justifica que a la dedicación marinera se suman individuos de todas las edades. 

El caso de Benissa es mucho más desalentador en cuanto a los cabezas empleados como jornaleros. Un 71% del censo malvive en condiciones precarias, teniendo que emigrar a poblaciones vecinas pues los contratos cubren determinadas épocas del año en las cuales abunda la oferta de mano de obra. Algunos de ellos trabajan eventualmente en tierras calpinas. 

La dedicación profesional va ligada a la propiedad de la tierra y a la tradición familiar, por lo que podríamos hablar de familias campesinas y marineras. Desglosando por apellidos podemos elaborar el siguiente cuadro. 

Como ya vimos al estudiar las viviendas calpinas del siglo XIX, las familias eminentemente labradoras viven permanentemente en el campo, y así lo atestiguan los datos electorales que facilitamos: los Tur, Bañuls, Sala, Pastor, Ivars, Cabrera, Ausina, Bordes, etc... pueblan los núcleos rurales de la Cometa, Corralets y el Barranco Salado; y en 1900 reúnen a más de la mitad de los hombres del campo en las fincas que en su momento analizamos. 

El sector secundario apenas supera un 5% del total de los cabezas electores, en menor proporción que la población de Benissa que, por otra parte, ofrece una mayor variedad de oficios y profesiones, destacando el sector de la construcción, el mueble, carpintería y calzado. Este grupo de pequeños industriales se encuentran muy ligados a la actividad edificadora y a la trajinaría, y estas a su vez a los avatares de la economía agraria.

En Calpe el sector de la construcción es muy exiguo, y la dedicación al oficio se hereda por tradición familiar. Apenas dos familias de albañiles componen la nómina, pensamos que suficiente para cubrir las necesidades de la demanda local ante su lenta expansión urbana. La carpintería se centra principalmente en la construcción de embarcaciones, a lo que se dedican los miembros de la familia Montaner, carpinteros de ribera. La tejera de Amorós sirve pedidos a la población de Altea y Benissa y satisface las escasas necesidades de nuestra población.

Finalmente, del sector terciario destacamos los cargos municipales y eclesiásticos, y por otra parte a un corto número de vecinos que constituyen la población pasiva local. Normalmente estos miembros conforman un pequeño grupo acomodado que se mantiene de las rentas producidas por la explotación de sus tierras, entre otras fuentes de ingresos. Algunas humildes profesiones del sector servicios completan la nómina.





ANALFABETISMO

Los padrones de electores nos facilitan una interesante información al expresar las habilidades de lectura y escritura de cada vecino. En todos los casos, los varones que no saben escribir, tampoco son capaces de leer. El grado de analfabetismo es altísimo, muy especialmente entre los marineros y jornaleros.

Las conclusiones que nos ofrecen estas cifras, tabuladas por profesiones, edad, número de analfabetos y porcentaje, son las siguientes:

1.- Los labradores cuentan con una situación económica más aliviada, lo que permite que algunos de sus hijos puedan acudir a la escuela de primeras letras. El aprendizaje de la lectura y escritura es alentado en el seno de las familias, no necesariamente de economía boyante, pues descubrimos que entre los electores iniciados existen grupos con vínculos de sangre que gozan de escasos medios materiales. Los campesinos que saben leer y escribir inician a los hijos que comienzan a ser enseñados en el seno del hogar familiar. Los cargos municipales, desde la máxima representación local a otros puestos políticos consistoriales, recaen preferentemente en estos individuo instruidos. Por lo tanto, los factores renta y tradición familiar, inciden principalmente en la oportunidad de aprendizaje, que a su vez facilita el acceso a la función pública, con sus consecuentes efectos en cuanto a poder político y reconocimiento social. Un 59% de los labradores de entre 34 y 25 años son analfabetos, dato que contrasta fuertemente con el de los jornaleros mayores de 50, que lo son en su totalidad.

2.- Los jornaleros y los hombres de la mar alcanzan las mayores cotas en la ausencia de instrucción básica, atemperados si cabe estos niveles por la nómina de jóvenes jornaleros que en muchos casos son hijos de labradores. Los marineros de entre 50 y 25 años alcanzan tasas de analfabetismo de hasta el 93%, y si la de los mayores de 50 se muestra a la baja es porque reúne a los armadores a los que se les presupone un cierto grado de aprendizaje. Algunos de los marineros que saben leer y escribir son de origen foráneo, por lo que estas cifras podrían ser matizadas al alza.

3.- El sector de la construcción mantiene cotas bajas de analfabetismo en los menores de 50 años. A la capacidad de leer y escribir habría que añadir el conocimiento de sencillas operaciones aritméticas, aunque la mayoría de la toma y definición de medidas se harían de forma casi artesanal. La nómina de arrieros no contempla ningún sujeto instruido.

4.- El sector oficial y las clases pasivas son en su totalidad intelectuales; son capaces de manejar y distribuir información desde los cargos públicos y cuentan con gran ascendencia entre los vecinos. Tienen acceso a fuentes culturales, algunos diarios y libros, y disfrutan de excedentes de tiempo a su disposición para el desarrollo de sus habilidades e inquietudes. En todos estos miembros recae un principio de autoridad, bien sea eclesiástica, municipal, médica, económica o cultural; y con estos antecedentes mantienen un control en cuanto a la opinión y creencias públicas, en el ejercicio no siempre fácil del consejo y la ponderación. 

                           

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