CALPE, TIERRA Y ALMAS.                                    volver al índice
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ADDENDA 1ª.   Antigüedades y conjeturas.  

            Carta enviada por el Capitán Cabrera de Benissa al periódico  Las Provincias. El capitán es el Presidente del Partido liberal local de Benissa, militar y humanista. Antigua visión del Mundo.

 Benissa 24 de Julio de 1904

             Sr. Director de Las Provincias:

             He leído con atención el artículo tercero que sobre un libro antiguo notable ha escrito don Francisco Badenes y publicado en este popular diario.

             Conocedor de este bello rincón de la Marina que es mi país natal, amante del desapego de las nieblas que cubren la dudosa historia antigua, y deseoso de que la luz posible se haga, me permito terciar en la cuestión de la existencia de la hibera (sic) ciudad de Ilerda, en esta provincia, vigorizando las opiniones del Padre Ribelles.

             Dadas las descripciones de los autores romanos acerca de la topografía del país en que fue Ilerda y la similitud que guarda con éste, y además los vestigios de la existencia de una población antiquísima que aquí se notan no me cabe duda que la hibera ciudad estuvo sentada en la falda agreste y pedregosa del gigantesco peñón de Ifach.

             Veamos los fundamentos.

             Si se tiene en cuenta el efecto que presenta esta costa al navegante de Oriente a Poniente, nada tiene de extraño que los primeros que lo experimentaron dieran el nombre de las Columnas de Hércules y el Fret a los picos altísimos de los Cabos de la Nao y Toix y al majestuoso Ifac.

             Avieno manifiesta que que Ilerda se hallaba situada al lado de una playa abundante en arenas estériles, en efecto, extensa y de mucha arena estéril, existe al lado de las ruinas del pico accidentado de Ifac, y se llama la Fosa.

             Habla el mismo autor que cerca de Ilerda existe un estanque muerto y sin salida, y ese estanque existe aún, y se conoce con el nombre del Saladar. Posidonious 150 AC

             Al Saladar desembocan dos ríos de avenida, que deben ser el Barranco del Quisi, el río Tyrio, de que nos habla Avieno, y el Barranco del Pou Roig, el Sicaris que nos cita Ausonio.

             Verdad que no se encuentran al lado norte del Saladar, ni en los cuatro márgenes de los dos barrancos, vestigios de las ciudades de Tyri Sicana y Hemeroscopio, que cita Avieno; pero esto no arguye una razón sólida para negar su existencia, máxime cuando todos los demás detalles topográficos son exactos.

             Desde la villa de Benissa hasta el Saladar existe una pendiente accidentadamente caprichosa, en una longitud recta de unos seis kilómetros de terreno calcáreo-arcilloso laborable, muy fácil de desprendimiento. Teniendo en cuenta estas cualidades del suelo, la altura de Benissa, a trescientos metros sobre el nivel del mar, y los seis kilómetros de distancia, puede comprenderse el arrastre de tierra que los siglos habrán acumulado en ese estanque o mar muerto que hoy se conoce como Saladar.

             Cabre, por lo expuesto, pensar que toda la extensión plana del Saladar, molino y Plá de Calpe, fue en los tiempos de Ilerda una gran laguna o mar pequeño estancado, en cuyas costas estarían las ciudades citadas, cuyas ruinas deben estar sepultadas a una profundidad de quince a veinte metros, calculando sobre la base de que en los pozos hechos en el Plá, no aparece el agua salada y la arena hasta dicha profundidad. Por las mismas razones de desprendimiento de tierras, han podido cegarse las fuentes del río Tyrio, hoy barranco del Quisi, por cuanto a poca profundidad de su cama se halla agua abundante, y aún corre por su cauce  durante casi todos los meses del año.

             El collado altísimo que cita Salustio, al que Lucano adjetiva de encumbrado, no es otro que el llamado Collado de Calpe, cercano de Ifach, como estuvo el citado por dichos autores cerca de Ilerda.

             Las ruinas de Ilerda, esparcidas sobre un monte pedregoso, que se surtía de agua del cercano barranco Sicoris, corresponde a las ruinas aún existentes sobre la falda pedregosa de Ifach, y el agua del Sicoris, es el agua del barranco del Pou Roig.

             La columna situada a cuarenta estadios del monte, se amolda por la distancia aquella al altísimo Ifac, que por mar a columna se asemeja, y el monte el llamado Oltá.

             Existe todavía la torre sobre el collado de que habla Estrabón, y Galera se llama un lugar inmediato muy rico en sulfato de cal.

             El Barranco Salado se amolda al que existe entre los dos túneles de la carretera de Benissa a Altea, que tiene su origen en la falda de Bernia.

             Ausonio cita que la Ilerda Hibérica estuvo en la ladera oriental del monte Bernia, a espaldas del cabo Toix. Cuadra la cita con la realidad de todo lo expuesto.

             Termino afirmando que nada induce a creer que Ilerda estuviese situado en distinto lugar que el que le señalo, y que las ruinas al pie de Ifac no sean las de la municipal Ilerda.

             No soy docto para informar, ni crítico que desmenuce; pero cumplo como bueno exponiendo mi opinión, cual desea el Sr. Badenes, de todo valenciano, y lo soy de corazón.

 Francisco de Asis Cabrera

             La lectura es la madre de la conjetura, y desde esta apasionada carta del capitán Cabrera al director del diario las Provincias, se reivindica la localización histórica, en nuestras tierras, de uno de los centros urbanos íberos más importantes de la antigüedad valenciana. Francisco Asís Cabrera cita las fuentes de Avieno, remontándose a los orígenes de los pueblos tartesos que fueron los pobladores más remotos de la Península Ibérica.  Se sabe eran expertísimos comerciantes.  Al parecer, la noticia más antigua que de ellos tenemos son las que cita el escritor romano Rufo Festo Avieno, que vivió en el siglo IV después de Jesucristo.  Avieno fue el autor de una obra titulada "Ora marítima", un poema de senarios en el que están descritas las costas mediterráneas.  Lo realmente importante de dicho libro es que Avieno utilizó antiquísimas fuentes -de once autores desconocidos -y en las que el propio Rufo Festo Avieno confesó inspirarse.  Una de las fuentes, según sus propios escritos, databa del siglo VI antes de Jesucristo, es decir, unos mil años antes de la época en la que Avieno vivió y escribió su obra.  La descripción hecha por Avieno en cuanto a la localización de la antigua ciudad de Homeroskopeion, próxima a Ilerda, refuerza las teorías de nuestro capitán.

             De hecho, Hemeroskopeion fue reconocidaEl pare Belda. como una factoría griega de la España prerromana. Primer intento griego de colonización de las costas orientales de la Península Ibérica, intento frustrado por la oposición de las ciudades púnicas de Andalucía. Esta colonización narrada en forma legendaria por Herodoto (viaje de Coleos de Samos hasta el reino tartesio de Argantonio) fue comprobada por Schulten después de analizar detalladamente los hallazgos arqueológicos. Éste y Carpenter estudiaron la ruta seguida por los griegos focenses hasta España. Señalaron las etapas siguientes: Después de Cumas, la isla de Ischia (Pithecussa), Cerdeña (Ienussa), Menorca (Melussa) , Mallorca (Cromiussa), Ibiza (Pitiussa) y Formentera (Ofiussa). Desde este punto se saltaba a la costa, al cabo de la Nao, en cuyas cercanías se encontraba  Homeroskopeion. El término del viaje era Cádiz (Kotinussa), citada por Avieno al describir la costa meridional peninsular, estaba ya deshabitada cuando redactó su obra.

             Estrabón, nacido en Ponto, Amasias, año 63 A.C., en su libro III dedicado íntegramente a Iberia, nos describe: "Entre el Sucro (Júcar) y Cartagena, existen tres poblaciones masaliotas, de ellas la más famosa es Hemeroskopeion, que tiene sobre su promontorio litoral un templo que venera a la Artemis Efesia. Sertorio utiliza su abrigo como base naval. Se encuentra defendido y adecuado para la piratería y es muy visible a gran distancia para los que se acercan navegando, y se llama Artemisión, que tiene cerca ricas minas de hierro (Ferraria en Jávea), y unas pequeñas islas, Planesia (Tabarca?), y Plumbaria, así como una laguna marina que se extiende más arriba, que tiene 400 estadios de perímetro".

              Estrabón, en cambio, la identificó con la romana Arthemisium o Dianium. Fue conocido por los romanos con el nombre de Dianium, adaptación del original ibérico Diniu, atestiguado en las monedas encontradas. La ciudad alcanzó el rango de municipio romano.

             Pero por su etimología, la forma griega "homeroskopeion" hace referencia a la función de "atalaya diurna" sobre la tierra y el mar que poseía. La identificación de este poblado con la actual Denia parece poco probable. Rhys Carpenter, por lo tanto, basándose en la traducción del nombre propuso su emplazamiento en el Peñón de Ifach, enorme mole pétrea de más de 300 m. de altura que, vista desde el mar, presenta la grandeza de Gibraltar. El mediterráneo andaluz, en manos de fenicios y cartagineses, provocaba que esta factoría sirviera como punto de arranque de una vía terrestre interior que se dirigía a Mainake y Tartessos. Esta situación se mantendría hasta la batalla naval de Alalia (535 a. C.). Así se explica que sean las tribus ibéricas del sudeste español ( Alicante, Murcia y Albacete) las más helenizadas, según podemos constatar en su cerámica y plástica.

             El Padre Llopis, en su libro Calpe, 1953, págs 14-20, abunda en los orígenes pobladores de nuestras tierras, pero localiza la ciudad de Hemeroskopeion en Denia, y opina que en las faldas de Ifach existió una factoría que, además, acuñó moneda. En la citada obra, el rector da como posible la situación en nuestro entorno, de las villas de Alone o Herna (Ernea).

             Pensamos que el padre se apoya en los fundamentos de Figueras Pacheco, que aunque no reconoce al peñón de Ifach como isla, se declina por la descripción de Avieno, en cuanto al río Teodoro (Segura), y las tres islas que seguían junto a la playa caminando hacia el Montgó, pues afirma que seguidamente se localizaba el mojón antiguo de Tartesos, muy posiblemente Ifach. De hecho, Llopis sugiere que el peñón en el pasado, bien pudo ser un islote.

             No podemos obviar la importancia de nuestra peña como referencia e hito geográfico, y es muy poco probable que cualquier descripción, por muy remota que en el tiempo fuera,  no se apoyara en tan majestuoso accidente de la naturaleza. Si la roca de Gibraltar recibió el nombre de Calpe, es muy que lógico pensar que el Calpe norte fuera nuestro peñón; especialmente si tenemos en cuenta que, Ifac, significa en libio: norte o boreal, según señala Joaquín Costa. La roca es bien visible desde la distancia y cuenta con fondeaderos abrigados.

             Jaime Pastor Fluixá se muestra partidario de los más recientes estudios y teorías que sostienen que estas costas no fueron colonizadas por fenicios y griegos, pueblos con quienes, parece, únicamente se mantuvieron lazos comerciales sin llegar a concretarse sus asentamientos civiles. En este sentido, se encuentra Pastor Fluixá en sintonía con los trabajos de Tarradell y Sanchis Guarner, publicados en su libro "Historia del País Valenciano".

             El historiador arqueólogo Enrique Llobregat se hace eco de las campañas de excavaciones realizadas en la falda de Ifach por don José Belda. Los trabajos produjeron la recuperación de materiales que corresponden a un poblado ibérico de su primera época, (siglos IV-III A.C), con cerámicas típicas del momento, asociados a fragmentos de cerámica ática de barniz negro, propios de ese tiempo.

             Llobregat, tras las excavaciones por él dirigidas en el peñón entre 1975 y 1977, realiza tres observaciones importantes. Primeramente, que el poblado, de cierta extensión, se establecería aproximadamente hace unos dos mil quinientos años. Segundo, que la excavación no era muy amplia, y básicamente perseguía conocer la cronología del asentamiento. Y en último lugar, que el poblamiento íbero, descartaba la obsesión histórica de invasiones fenicias o griegas, pues los pobladores originarios de nuestras tierras llevaban establecidos en las mismas desde hace diez o doce mil años, y se habían amoldado a la cultura material del pueblo íbero.

             De acuerdo a tales afirmaciones, Ifach tuvo un origen ibero, y echa por tierra cualquier conjetura de asentamientos anteriores.

             Pero, tales declaraciones no desdicen a nuestro capitán Cabrera, quien no situa Homeroskopeion en las faldas de Ifach, sino un tanto al norte de la costa, y se refiere en todo momento a la ibera ciudad de Ilerda.

             Llobregat resume los resultados de sus campañas en Ifach con las siguientes conclusiones con respecto a las secuencias estratigráficas:

             1.- Un nivel de base con materiales de bronce, valencianos, sin estructuras constructivas y de distribución irregular por la zona excavada.

             2.- Un primer poblado, con estructuras constructivas de trazado rectangular, datable por importaciones áticas, de la segunda mitad del siglo V A.C., de la primera mitad del siglo IV.

             3.- Una reconstrucción de ese primer poblado , con posible ampliación de las construcciones previas e importaciones de los siglos IV al III A.C.

             4.- Niveles sintomáticos de la perduración del poblado, cerámicas de barniz negro, con un paulatino desplazamiento de la población del llano, hecho que puede situarse en la época augusta.

             Es comunmente aceptado que la Ora Marítima de Avieno, poema escrito en el siglo IV D.C, se basaba en los antecedentes recogidos en un derrotero fenicio datado del  siglo VI a V. A.C.. De acuerdo a este instrumento quasi mítico y a las datas reflejadas por los vestigios recuperados en las faldas de Ifach, parece poco discutible que un poblamiento íbero importante, quizá magnificado por la situación estratégica,  geográfica y defensiva del peñón, pervivió durante siglos en el paraje, y es más que probable que atrajera la atención de antiguos navegantes fenicios en su periplo y descripción de nuestras costas.

             Las ruinas de Homeroskopeion, se encuentran ocultas bajo la tierra y las sombras de la Historia.

             Avieno, Ora marítima, 449-498.

            Traducción

             A partir de allí, el puerto Namnacio se curva cerca de la ciudad de los Masienos desde mar adentro, y en lo más profundo del golfo surge la ciudad Masiena, de elevadas murallas. A continuación sobresale el monte Trete, y al lado está la pequeña isla Strongile.

             Luego, en los confines de esta isla, extiende su gran superficie la inmensa marisma. Allí llega arrastrándose el río Teodoro (no te cause estupor que en este lugar feroz y bárbaro percibas su nombre en voz griega). Los Fenicios habitaban primitivamente estos lugares. Desde aquí de nuevo se extienden las arenas del litoral y esta costala ciñen ampliamente tres islas. Aquí estuvo en otro tiempo el límite de los Tartesios. Aquí estuvo la ciudad de Herna.

             La tribu de los Gimnetes estuvo asentada en estos lugares hasta el cauce del río Sicano, que junto a ellos corre; ahora corre el río Alebo, abandonado y carente de habitantes, sólo para sí mismo sonoro. Después de éstos se encuentra en medio del mar la isla Gimnesia, que dio desde antiguo nombre al pueblo que la habitaba. Extiéndense luego las islas Pitiusas y más a lo lejos están las prominentes islas Baleares. Y enfrente los Iberos hasta el monte Pirineo extendieron su dominio, extensamente establecidos junto al mar interior. surge su primera ciudad, llerda.

             Extiende después el litoral estériles arenas. Hubo también aquí la ciudad de Hemeroscopion, en otro tiempo habitada. Ahora ya suelo vacío de habitantes, está bañada por un tranquilo mar. Álzase después la ciudad Sicana, así llamada por los iberos por el río próximo. Y no lejos de la bifurcación de este río baña la ciudad de Tiris el río Tirio. Más allá, donde la tierra se aparta lejos del mar, ampliamente extiende una región sus cimas boscosas. Allí los Beribraces, tribu agreste y feroz, vagaba entre los rebaños de numerosas cabezas de ganado. Ellos, alimentándose mal sólo con leche y pingüe queso, llevaban una vida muy dura, semejante a la de las fieras.

            Después sobresale la alta cima de Crabrasia y continúa un litoral escarpado hasta los confines de Onusa Querroneso. Por allí se extiende la marisma de los Nacararas. La costumbre dio este nombre a esa marisma, pues surge en medio del agua una pequeña isla, fértil en olivos y por ello está consagrada a Minerva. Cerca hubo numerosas ciudades, ya que estuvieron aquí Hilactes, Histra, Sarna y la noble Tiricas.  

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