COMUNICACIONES
TERRESTRES.
Caminos, coladas y veredas; apriscos y ventas.
La voz «camino» hace
referencia a los terrenos destinados a dar paso a las
gentes de un lugar a otro. Su origen puede provenir de
la voz arábiga «Caymum», que tiene igual
significación; aunque algunos estudiosos afirman que
procede de la palabra hebrea «Chamak», circular o
caminar. Parece más plausible que su verdadero origen
sea del latín «Caminus», que significa chimenea,
así, porque se solían formar quemando primero la
maleza, lo que levantaba humo, dejando a los lados
márgenes, zarzas y arbustos.
La importancia de los caminos
como vías de comunicación es tan antigua como la
vida del hombre. En nuestro término, las vías
terrestres fueron históricamente angostas, mantenidas
en perpetuo deterioro, y con escabroso acceso a las
poblaciones del sur. Posteriormente analizaremos sus
características principales de acuerdo a nuestra
propia nomenclatura. La clasificación de los caminos,
por anchura, propiedad o destino, siempre ha resultado
difícil de concretar. Existe una tendencia a
denominar como camino real a cualquier tipo de vía de
comunicación terrestre del pasado, siempre que esta
sirviese para unir dos o más poblaciones vecinas.
Ciertamente, como indica la voz, los caminos reales
eran los que titularmente pertenecían al Rey, y por
su importancia, ancharia y mantenimiento se
configuraban como las principales arterias de trasiego
del reino. Los caminos calpinos eran básicamente
vecinales, propiedad del consistorio, y mantenidos
durante siglos por los propios vecinos. De hecho, a
finales del XVIII, el genuino camino real sólo
llegaba hasta Denia, y las 26 leguas de distancia de
esta población con Alicante podía tardarse en cubrir
cuatro o cinco días.
Como indicamos, no es fácil
establecer una distinción clara en cuanto a la
anchura de las vías terrestres, dimensión que las
dota de importancia. Esta argumentación la ilustra
con bella prosa el Dr Fernández de Mesa, en su
Tratado de Caminos, fechado en Valencia, 1755, y
dice:
"Cosa conveniente es, y
aún necesaria, que los caminos tengan bastante
capacidad: pues si no la tuvieren, dexaran de serlo, y
antes podrán llamarse sendas que caminos".
Pero si atendemos al Derecho Común, la determinación
se dejaba al arbitrio y potestad del que los mandaba
hacer. Por la Ley de las XII tablas era la ancharia
del camino de ocho pies, y dieciséis para dar la
vuelta; del lugar que la colocó Triboriano que es en
el título de Servidumbres, se ve que allí sólo se
habla de caminos privados, y no de los públicos,
porque caminamos por derecho de libertad. Y dado que
las doce tablas hubiesen querido comprender también
los caminos públicos, pudo ser porque en aquel tiempo
los carros serían muy estrechos a modo de literas.
Por ello, aunque en el camino que llamaban Actus
también se podía andar en carruaje, era su ancharia
la de cuatro pies, y el camino de a pie, de tres. San
Isidoro dize que el camino comprendía dos Actus por
el encuentro de los carruajes que vienen y van. Lo
cierto es que las carrozas de entonces, según se ve
de las imágenes antiguas, que permanecen gravadas en
lápidas o medallas, eran estrechas y cortas, tanto
que al parecer ocupavan menos ancharia de dos cavallos
emparejados, pues no tenían extensión precisa para
los dos asientos, porque las ruedas tenían el exe
assido a la caxa.
Demás de esto no es fácil
averiguar la medida de pie que entonces se usaba, pues
aunque nos dice Columela que como ahora se componía
de dieciséis dedos; pero tampoco sabemos cual
consideraban la extensión de cada dedo. Lo cierto es
que aun de la medida del pie que usaron últimamente hay
varias opiniones: el Padre Mariana distingue tres
especies, menor, medio y máximo; el mayor dize que es
el que Filandio refiere que vio en una columna. Otros
siguen el que Leonardo Porcio descubrió en una basa
de mármol de un antiguo sepulcro en los huertos de
Angelo Colocio: Y el más célebre que es al parecer
el del Congio, se dize haverse colocado con autoridad
pública de el Senado en el Capitolio en tiempos de
Vespasiano y Tito Emperadores. Si esta medida se tomó
razonablemente del pie humano es preciso que quanto
más antiguo su origen fuese mayor, bien sabido es que
los hombres fueron a los principios de gran estatura,
y quanto más se fue viciando la naturaleza por la
malicia o por los casuales acaecimientos, se fue
disminuyendo la magnitud de los cuerpos, y con
especialidad de los pies»...
Preclaramente confusa parece
la declaración del doctor del siglo XVIII, que viene
a denotar la cierta inexactitud a la hora de definir
anchura a las vías. Parece pues razonable argumentar
que la latitud de los caminos venía impuesto por su
calidad y uso, y con todos las salvedades nos
atreveríamos a realizar, en cuanto a nuestro
término, la siguiente clasificación:
1.- Camino de herradura posteriormente carretero.-
Se concreta en el antiguo camino de Altea a Benissa,
que salvando en el puerto del Collado faldeaba la
sierra de Oltá, se adentraba en la zona Septa -Soliva
y abandonaba el término por debajo del actual puente
del Pou Roig.
Le denominamos carretero en cuanto
pudiese soportar el tráfico de carruajes, tartanas y
galeras. Su ancho pues sería igual al creado para el
encuentro de dos vehículos. Quizá en algunos tramos
fuese más angosto, respetándose el viejo principio
trajinero que obligaba a retroceder al carruaje que se
encontraba sin carga, o en todo caso, al que se
hallaba más próximo a un ensanche del vial. Por lo
tanto, y si nos atenemos a las referencias de
Cavanilles y Madoz, finales del siglo XVIII, mediados
del XIX, que califican a nuestros caminos como
deteriorados y de herradura, la anchura de nuestro
principal arteria sería igual al espacio creado por
dos caballerías cargadas en alineación. El ancho
pues oscilaría entre los tres y los tres metros y
medio.
2.- Caminos de herradura.- Lo especificado
anteriormente compete a los diferentes caminos hacia
Benissa, el Quisi, Teulada y Moraira, algo más
angostos; que en algún caso dificultaría el paso
simultáneo de dos caballerías. La anchura oscilaría
entre los dos metros y medio y tres metros.
3.- Caminos pedestres.- Con anchura para una
caballería y hombre a pie; lo componen caminos
privados, de partida y travesías entre otros. El
ancho sería de un metro y medio aproximadamente.
4.- Las sendas y travesías.- Con ancho de
hombre a pie, usado por pastores, cazadores y
labradores. Conectarían como atajo algunas vías
secundarias, fincas colindantes, etc...
5.- Los azagadores. Que lo componen las
distintas vías pecuarias cuyas latitudes en la
antigüedad serían muy superiores a las que recogemos
posteriormente en este capítulo.
Pero hagamos un poco de
historia.
Las formas de viajar a partir
del siglo XV son las mismas que en el Edad Media, esto
es, a caballo la clase alta, sus mujeres en palafrenes
o en mulos y mulas que también utilizan los clérigos
con órdenes mayores y el pueblo llano andando los
más y los menos en burro.
Los viajes reales son más
complicados por muchas razones, a saber: van con
parsimonia, siempre van acompañados de un gran
cortejo, se detienen en los lugares por donde pasan,
etc., por lo que es difícil saber si no viajan más
deprisa por las dificultades del camino o por los
problemas propios de la gobernación de sus estados.
Podemos afirmar que las
jornadas eran de unas ocho leguas al día, esto es,
unos 50 kms. Pudiendo llegar a los 100 kms. aunque
estos casos extremos se encuentran en viajes largos en
que la escasez de alojamientos intermedios obliga a
forzar la marcha.
Los coches aparecen en
Europa en el siglo XV. Supone una notable innovación
respecto a la carroza en cuanto que la caja iba
colgada de unos correones, mejorando de esta forma la
suspensión y el eje delantero era giratorio. Nacieron
al parecer en Hungría donde se llamaron «kocksimy».
En la península, el primer coche lo trajo de Flandes
la mujer del príncipe don Juan, el hijo de los Reyes
Católicos en los últimos años del siglo XV. Si bien
los coches no prosperan, el vehículo que alcanzó
gran difusión fue la litera pues era más cómodo
para viajar por aquellos malos caminos.
Un problema relacionado
con los viajes y los transportes y que los Reyes
Católicos resolvieron de forma radical fue el de la
seguridad de los caminos naciendo de esta forma la
Santa Hermandad que tenía funciones de policía y
judiciales. Como último apunte cabe señalar que
durante el siglo XV sigue aumentando el uso del correo
al igual que mejora su organización.
La legislación sobre
portazgos, barcajes y peajes impulsa el libre
tránsito por todos los caminos de personas,
mercancía y ganado prohibiéndose a su vez el
establecimiento de nuevos portazgos y restringiéndose
en la medida de lo posible los existentes intentando
de esta forma disminuir los abusos y facilitar el
tránsito.
La accidentada orografía, el
hecho que hubiera una relativamente baja densidad de
población y la escasa tecnología de la época que se
reducía al motor de sangre, obliga a que tenga que
existir una red de puntos de apoyo para el descanso y
reposición de los viajeros. La regulación de estos
establecimientos es bastante extensa. Así, las
ventas, generalmente fuera de los pueblos y los
mesones, por lo general en los núcleos poblados,
estaban vigilados por la autoridad.
Otra medida de la mayor
importancia para la impulsión y extensión de los
transportes interiores es la creación de la Real
Cabaña de Carretería por los Reyes Católicos que
agrupaba a todas las asociaciones regionales de
transporte por carro a largas distancias. Tenían una
serie de privilegios como reparar vehículos o mudar
animales de tiro.
En el siglo XVI se publican
en España los primeros Reportorios de Caminos o
guías para el viajero que muestran por donde se ha de
ir de un lugar a otro, mencionando los pueblos y las
ventas del camino así como las distancias parciales
entre cada dos lugares consecutivos y las distancias
totales de principio y fin de itinerario. La
aparición de éstos pone de manifiesto la
intensificación de los viajes y su generalización.
El primer Reportorio
data del año 1546 y se publica en Medina del Campo.
El tamaño y formato del libro son los apropiados para
que se pueda llevar consigo en los viajes. La red de
caminos de la época recuerda aún bastante la red de
calzadas romanas de diez o doce siglos antes.
La apertura y
reparación de los caminos correspondían a los
municipios y debían hacerse a su costa si bien cuando
se planteaba la necesidad de una obra de cierta
envergadura, un puente o una gran reparación por
ejemplo era el consejo real el que autorizaba la obra,
la forma de financiación y aseguraba la realización
de los pagos a cargo de los municipios.
Ahora bien, es lógico
preguntarse cuál era el estado real de esos caminos.
Así, los más, simplemente eran abiertos sobre el
terreno natural, sin afirmar, muy dificultosos para
pasar por tanto en época de lluvias. En los
comentarios que hacen los viajeros al respecto hay
elogios para algunos y críticas para otros. El
reportorio de Meneses de 1576 recoge el camino que a
lo largo de la costa conectaba nuestra población con
las villas próximas. Corresponde fielmente al que dos
siglos largos después identificara Cavanilles como de
herradura e intransitable.
Felipe el Hermoso, esposo de
Doña Juana, en 1505 otorga a Fº de Tassis, en
arrendamiento, el servicio de correos entre España y
Flandes. Se inicia entonces el establecimiento del
servicio de postas que une los lugares en donde reside
la Corte española con las principales ciudades de
Europa.
El servicio de postas exige
una organización compleja y eficiente. En los
primeros años del siglo XVI las postas estaban al
servicio exclusivo del rey. Hacia 1580, en Castilla,
se generaliza el uso del servicio de correos pudiendo
utilizarlo los particulares. Es entonces cuando nacen
las estafetas que es un servicio que consistía en que
los postillones trasladaban la correspondencia de los
particulares de una posta a la siguiente con lo que el
recorrido de cada mensajero se reducía
considerablemente. De esta forma, a principios del
siglo XVII se encontraban unidas postalmente por el
sistema de estafetas Valencia, Zaragoza y Barcelona
además que desde Madrid había correo semanal
utilizando el mismo sistema hasta Zaragoza
utilizándose cuatro días y siete hasta Barcelona.
Desde Madrid a Valencia se tardaba cuatro días.
Todo esto viene a
demostrar que durante los siglos XVI y XVII existía
en España un servicio de postas bien establecido.
Pero el servicio de postas no es sólo utilizado por
los reyes y funcionarios reales sino que también es
utilizado por algunos particulares, pero por su
carestía quedaba reservado a pocas personas.
A finales de los 70 y más
concretamente en 1578 circulaban ya por los caminos
coches. A este respecto a disposiciones restrictivas
sobre el uso de los coches que no debieron de tener
mucho éxito. En el siglo XVII aparecen nuevos
modelos. Así, están las estufas, ya con cristales,
coches redondos, carrozas de dos vigas, calesas,
calesines, coches tumbones, sillas volantes, forlones
y las berlinas y bávaras. Los coches de la corte
solían ir tapizados y para protegerlos de la lluvia y
el polvo se utilizaban unas fundas impermeables
llamadas caparazones de encerado.
En cuanto al uso de los
coches para viajar por los caminos las personas no
reales, es probable que el primer testimonio lo
encontremos en el Quijote cuya primera edición
corresponde a los años 1604 y 1615. También en La
hija de Celestina de Salas Barbadillo publicada en
1612, en que la protagonista, acompañada de su
amante, huye de Toledo, con destino Madrid en coche
alquilado.
Hemos de decir al respecto
que la regulación del alquiler de coches y literas de
camino es de 1600, lo que viene a probar que esta
forma de viajar, por los particulares era ya usual a
principios del siglo XVII lo que está en perfecta
coherencia con los testimonios literarios recogidos en
el párrafo anterior.
También los extranjeros que vienen
a España dejan testimonio de elevado número de
coches que circulan por las ciudades.
Pero no debemos pasar por
alto en este estudio sobre las formas de viajar en
esta época el hacer una mención acerca de la
seguridad de los caminos.
Como ya ocurriera en épocas
anteriores, la seguridad de los caminos sigue a cargo
de la Santa Hermandad de forma que a principio del
siglo XVII la seguridad de los caminos castellanos
debía de ser total. En otras zonas como Cataluña la
seguridad de los caminos es menor.
A mediados del siglo XVII, y
debido a causas como las guerras de Portugal y
Cataluña, la seguridad de los caminos disminuyó
considerablemente e incluso la comitiva del rey se vio
afectada por los malhechores que abundaban.
Como ya hicieran los Reyes
Católicos, los primeros Austrias siguen la política
de suprimir peajes y barcajes aunque no es hasta el
siglo XIX cuando desaparecen completamente del
transporte.
Los establecimientos para descanso
de viajeros se pueden distinguir en tres grupos
principalmente: posadas, mesones y ventas.
Las posadas sólo las encontramos
en ciudades importantes y sirven, por norma general,
para residencia permanente de forasteros. En los
mesones sólo se ofrecía al viajero una habitación
donde, solo o en compañía, podía disponer como
mucho de una cama. Por último, las ventas se situaban
fuera de poblado y eran, por lo general, aceptables
las de los caminos reales mientras que las de los
caminos poco frecuentados tenían bastantes
deficiencias.
El transporte de
mercancías se hace en caballerías y en carros y es
en 1629 cuando se extiende la legislación protectora
de la real cabaña de carretería. Las carretas
prestan servicios públicos a la corona La mayor parte
del acarreo se hace en lomos y no en carro.
Debido a los viajes por la
posta, durante el siglo XVI hubo un aumento importante
de las velocidades. Las velocidades de marcha de
coches y a caballo eran de unas 8 leguas al día. Los
caminantes, por lo general, hacían 5 o 6 leguas
diarias. El coste de los viajes por la posta era de 6
reales por legua a los particulares y 4 reales a los
correos del rey.
No será hasta mediados
del siglo XIX cuando la Diputación Provincial
instruya al Ingeniero Agustín Elcoro para que diseñe
la nueva carretera de Alicante a Silla. Hasta entonces
el tramo Alicante-Valencia se realizaba con la tartana
de don José Galvany y que, partiendo de la Posada de
la Balseta, el lunes a las doce horas, llegaba a
Valencia el jueves a las diez de la mañana; el precio
80 reales manutención incluida.
Algunos años antes se había
dispuesto un servicio con Madrid, línea regular de
carga y pasajeros que escoltada por 30 hombres
armados, admitía carreteros en el convoy, siempre y
cuando abonaran 3 reales por legua, y portaran
escopeta útil y 3 paquetes de cartuchos. El pasaje
viajaba en carro «atartanado de gran confort». El
promotor era el alicantino Batiste Pastor «Ratasabia».
En 1851 se normaliza el
servicio de correos, Alicante-Denia, con entregas tres
veces por semana. El trayecto se cubría en 18 horas.
Como hemos visto, la comarca
de la Marina había vivido en un aislamiento secular
ante la ausencia de unas vías de comunicación
minimamente aptas para el trasiego de bienes y
personas, esenciales para fomentar el desarrollo
social y ecónomico de la zona. Si el diseño y
ejecución del proyecto de la carretera de Alicante a
Silla, en su paso por nuestro término salvando el
abrupto accidente del Mascarat, había precisado de
veinte años para hacerse realidad, la ambiciosa
iniciativa de comunicar la capital provincial con los
pueblos costeros norteños, precisó de interminables
trámites para verse llevada a buen término.
Hacia 1864, impulsado
por don Juan Bautista Lafora, el «Pequeño
Salamanca», se inició un estudio del posible trazado
de una vía férrea, Alicante-Denia, y sobre las bases
del mismo se presentó un proyecto definitivo al
Ministerio de Fomento que quedó aprobado como
proyecto de ley por las Cortes en 1889.
En 1901 don Juan
Bautista cedió la concesión a don José Carbonell
Morán, quien a su vez la cedió a una mercantil
constituida a los efectos, concesionaria definitiva,
que se denominó Compañía de ferrocarriles de
Alicante a la Marina, Sociedad Anónima
Española.
Durante este año
las dudas sobre el trazado entre las localidades de
Villajoyosa y Denia desatan la polémica. El trayecto
de la primera población con Alicante no ofrece
alternativa alguna, pero las presiones sobre la
empresa son constantes con respecto al segundo tramo,
presiones provenientes de representantes políticos e
industriales que intentan beneficiarse de tan
importante infraestructura.
La
Compañía se debate entre dos posturas. La primera,
más conservadora, perfila un trazado recto,
atendiendo a criterios de ahorro por la morfología
del terreno. La segunda, más ambiciosa, plantea una
inversión mayor, con decisiones estratégicas en
cuanto a trayecto, y mirando hacia el producto de
explotación y vida próspera del servicio.
El
recorrido más corto de la proyectada vía es de
Villajoyosa, Benidorm, altos de Altea, curva a Altea
la Vieja, estrecho de Cardos, (falda poniente de
Oltá), Pinos, falda de la Solana, (Lleus), Rafalet,
Benissa, garganta de Senija, punta de estribaciones
del Montgó hasta Denia. El recorrido es relativamente
llano y el terreno sólido.
La segunda
opción es la siguiente: Villajoyosa, Benidorm, Altea,
mayor curva a Altea la Vieja, mayor proximidad posible
a Callosa, estrecho de Cardos, Pinos, falda de la
Solana,, Rafalet, Benissa, a cuya estación pueden
acudir los vecinos de Calpe, Senija, Lliber, Alcalalí
y Parcent, de Benissa por Teulada al Valle de Biar, en
el que puede instalarse la estación de Benitachell, a
un cuarto de hora distante. De allí, dejando a Javea
a media hora a la derecha con su estación, pasando
entre Jesús Pobre y Gata, teniendo este pueblo su
estación a un cuarto de hora de distancia. Luego a
buscar el intermedio de Pedreguer y Ondara, con
estación mutua, y de allí a Denia.
Como vemos,
las dos opciones perjudican a Calpe pues sus vecinos
se ven obligados a trasladarse a Benissa para poder
hacer uso del servicio. La segunda posibilidad recorre
una zona que se reconoce más rica, más poblada, y de
mayor importación y exportación. Al mismo tiempo la
ausencia de carreteras en el interior parece favorecer
el uso de la vía férrea por los pueblos alejados de
la carretera de Alicante a Silla.
En estos
años, el servicio de carretera lo cubría la empresa
de coches diligencia de Vergel, que prestaba
comunicación hasta la capital alicantina. Las quejas
eran constantes en cuanto al precio del pasaje,
rapidez y calidad de los coches. Pequeños empresarios
de Benissa, Altea y Villajoyosa se combinaron para
ofrecer una prestación alternativa, a lo que la
compañía del Vergel respondió con fuertes
reducciones en los precios. Eliminada la competencia
los pasajes fueron debidamente incrementados. El
horario de las diligencias provocaba continuas
molestias y gastos a los viajeros pues las
interminables paradas del trayecto extendían la
duración de Calpe a Alicante a más de 12 horas. El
precio del billete excedía las 4 pesetas.
La
importancia, pues, del proyecto era capital, pero la
concesionaria se vio abocada a su liquidación,
abandonándose las obras y caducando la concesión en
Junio de 1910.
Declarada estratégica la línea Villajoyosa-Denia, se
adjudican las obras a los señores Boffinet, Solmos y
compañía pocos meses después, con el trazado que
presenta actualmente. El Rey Alfonso XII acude a la
inauguración de los trabajos en Febrero de 1911.
El
primer tramo, entre Alicante y Villajoyosa, queda
entregado y abierto al público el 28 de Octubre de
1914, y el 11 de Julio, el tercero entre Altea y
Denia.
El
ferrocarril ofrecía tres servicios: el correo, que
partía de Alicante a las 10,47 y llegaba a Denia a
las 14,30. Regresaba de Denia a las 11,44, llegando a
la capital a las 15,30. Mixto, que partía de Alicante
a las 17,00, y llegaba a Denia a las 21,45. Regresaba
a las 3,00, llegando a la capital a las 7,46. Y por
último el discrecional, que salía de Alicante a las
7,48, y llegaba a Denia a las 13,07, retornando
seguidamente a la capital, donde entraba a las 18,07.
Los
precios de billetes el 11 de Julio de 1915, trayecto
Alicante-Calpe, eran: en primera, 5 ptas; en segunda,
3,74 ptas, y en tercera, 2,50 ptas.
Estos
precios, de billete de ida y vuelta por 48 horas,
admitían un peso a mano de 15 kgs por persona.
CAMINOS CALPINOS EN EL TIEMPO
Según vemos en el plano adjunto:
- A.- Camimo viejo de Altea y Benisa
El camino viejo era la vía principal que unía ambas
poblaciones antes de la definitiva construcción de la
carretera de Alicante a Silla -la actual- finalizada
hacia 1870 aunque habilitado el paso del Collado años
más tarde. Su trazado transcurría aproximadamente en
paralelo con la carretera mencionada por su lado
norte, invadiendo parte de los terrenos que hoy ocupa
la línea férrea del trenet, atravesando las fincas
del Troset Nou, y continuaba hasta las inmediaciones
de la gasolinera de la nacional 332; desde este punto
continuaba como unos doscientos metros por la misma
nacional, tornando hacia el este a la altura de la
casa de «Gaspar de Mateu» y tras un breve tramo
descendente torcía a buscar el Barranco del Pou Roig,
abandonando nuestro término por debajo de su
puente.
Sin duda el punto más conflictivo de la precaria
trama comarcal era el paso por el Collado de Calpe,
tortuoso en el ascenso desde Altea y peligroso en el
descenso hacia Calpe, que obligaba a caballerías y
tartanas al continuo frenado resbalando sobre piedras
y cascotes. Cavanilles hacia finales del XVIII lo
describe así:
«Entre Bernia y Toix existe un collado que llaman
vulgarmente el puerto de Calp: por este atravesé el
monte dexando atrás hacia el nordeste el llamado
Oltá cuyas raíces son de yeso, las faldas bien
aprovechadas, y aptas para almendros, algarrobos y
sembrados, y el resto hasta la cumbre sumamente
escarpado y esteril. Pisaba un suelo peñascoso, y la
poca tierra que se percibía era de albarís... Iba
dexando el puerto, y quedaba a la izquierda sobre un
cerro la Torre del Mascarat. Atravesé el cauce seco
del Barranco Salado, y ladeé un cerro batido por las
olas...»
En su antiguo trazado encontramos las Ventas de Rocoti,
dela Morena y del Ros que estudiaremos posteriormente.
B. Camino de Benissa por el Barranco Salado
El camino de herradura principiaba en el cruce donde
confluían los caminos de Toix, Collado, y Viejo de
Altea a Benissa. En tal punto se levantaría algunas
décadas más tarde una casilla de peones camineros.
Iniciaba su ruta cruzando los parajes del Barranco
Salado en su trazado hasta Benissa, cruzando las
partidas de Canelles y Cardos -al lado oeste de la
actual autopista A7- Lleus -de donde tornaba al lado
este de la misma- continuando por el Biñent, Tosal de
Cabrera, hasta la villa vecina.
Era el eje escogido para las caballerías y caminantes
provenientes de las pedanías de Pinos, Bernia y
Marnes, en dirección a Calpe. Por el linde norte del
término de Benissa con Calpe y Altea, hasta la
formación rocosa de la «penya rotja», ascendía una
pequeña senda de gran pendiente que conducía los
ganados hasta el llamado corral del Cepellar, situado
en el paraje del mismo nombre.
No es hasta 1963 cuando se realiza una clasificación
de vías pecuarias en nuestro término, aprobadas en
sesión conjunta municipal y de la Hermandad de
Labradores. La clasificación viene avalada por la
firma del perito agrícola del Estado, don Francisco Vázquez.
La descripción del técnico reza de la siguiente
forma:
«Con un ancho legal de ocho metros, y una longitud
aproximada de unos dos kilómetros, procedente de la
vecina localidad de Benissa, penetra esta vía
pecuaria por el término de Calpe faldeando la sierra
de Oltá y tomando como eje de su recorrido el camino
del Salado, atravesando el paraje del mismo nombre,
cruza la carretera de Alicante a Silla y establece
contacto con la Colada del Mar en donde termina su
recorrido.»
C. Camino de Toix
Partía de la confluencia señalada en el camino viejo
de Altea a Benissa, tras superar el Collado en su
vertiente hacia Calpe, y doblaba a salvar el barranco
de la Canuta. De allí se adentraba en dirección a la
villa por la partida de Cocons. A lo largo de su paso
partían algunas sendas que conducían a las casas de
labor de los parajes: t, Finca heredad del Mayorazgo;
v; Casas de la Canuta; y X, Casas de Toix.. La
descripción hecha en la época es la siguiente:
« Colada del Mar, o Asegador: Penetra en este
término por el Collado del Mascarat procedente de
Altea, continua por el Camino Viejo del Salado hasta
cruzar la carretera general, por la casilla próxima
al kilómetro 111, junto a las casas de la Viuda y del
Barranco. Busca el Camino de Toix, penetrando en la
partida de la Manzanera, por el Plá de Cocons hasta
el cementerio, continuando hacia la carretera del
puerto, introduciéndose hacia el mar por el camino de
les Paleres, la Sort y las Aduanas. Cruzando el río
de las Golechas en su confluencia con el mar,
continúa por la Playa del Molino, Baños de la Reina,
continua bordeando el mar, volviendo a buscar la
carretera de Ifach, apartándose de esta hacia el
rincón de la Playa de la Fosa a la derecha de un
hotel nuevo en construcción, propiedad de los
señores de Quesada, siguiendo por dicha playa y
cruzando por delante del Hotel Los Hipocampos,
propiedades del Sr Christian Rumpff, sigue por delante
del Cuartel de la Guardia Civil o de Carabineros, la
Caleta y continua pegado a la costa, por el sitio
denominado la Fustera, hasta llegar al término de
Benissa»
A efectos del tránsito de ganados el camino de Toix y
Cocons conectaba con el denominado camino del Plá del
Mar, y más antiguamente, de Calpe el Viejo. Su
longitud es de unos nueve kilómetros y su anchura de
ocho metros. Según fuentes consultadas de la
Consellería de Agricultura y Medioambiente, está
vía pecuaria, y las que describiremos posteriormente,
se encuentran en plena vigencia legal en la actualidad
(¡), a pesar de estar ocupada por nuestro
contemporáneo Paseo Marítimo.
Ch. Caminos de Oltá
Conducen por las faldas de Oltá a las distintas
casitas de campo y corrales próximas a las cotas más
superiores de la sierra. A mediados del siglo XIX se
venden en pública subasta los montes comunales de
Calpe, Oltá, Toix y el Peñón, a excepción de el
monte Cepellar que hoy continua siendo suelo del
Estado.
En dichos montes los vecinos podían llevar sus
ganados a pastar y hacer leña. Hemos intentado
localizar sin éxito los documentos acreditativos de
las subastas, pero sabemos que fueron adquiridos por
ascendientes de la familia Ivars «Violí» calpina.
Sobre los montes existían corrales que posiblemente
fueron ampliados, remozados o construidos para
arrendarlos o cederlos a cambio del estiércol
producido por los ganados encerrados.
D. Camino de Benissa por el Quisi
Ruta antigua escogida principalmente para acudir a la
población vecina. A lo largo de su recorrido
entroncaba con travesías que conducían a distintos
parajes. En un primer tramo enlazaba con una variante
hacia la heredad del Cocó, Cosentari y la travesera
hacia la Casanova y camino de Teulada. Queda
clasificada en 1963 con la siguiente descripción:
«Con una anchura legal de seis metros, y unos tres
kilómetros de recorrido, la Colada del Quisi
principia en el sitio denominado Casa de Sau tomando
dirección norte, entra en la partida del Plá,
llevando como eje el centro del Camino del Quisi,
linda por ambos lados con tierras de Pedro Zaragoza,
más adelante toca un poco el Barranco del Quisi,
quedando unas casas a la izquierda de la colada, y
seguidamente cruza el precitado barranco, entra en la
partida del Biasner, llevando por la izquierda el
barranco hasta llegar a la casa del Alchup, donde el
barranco tuerce a la izquierda y la Colada sigue por
el camino de Teulada hasta penetrar en término de
Benissa».
E. Camino de Teulada
El camino de Teulada contaba con una cierta
importancia estratégica, y sospechamos que su estado
de mantenimiento era algo más óptimo que el resto.
Hasta su conexión de salida al término de Benissa, prácticamente
en todo su recorrido, lindaba con tierras de los ricos
terratenientes beniseros. Además de las fincas más
principales, cercanas a la población, seguían en su
trayecto los llanos del Plá de Feliu, Casanova, Plá
de Teulada, Vallesa, Cuchara, etc...
Su clasificación pecuaria reza así:
«Colada del Camino de Teulada, con la anchura
legal de seis metros, que sale de la carretera del
Peñón de Ifach, unida al camino de Calpe a Teulada,
entre viñas del Asilo y José Ivars, pasa junto a la
casa de Sau, siguiendo entre tierras de Mariana Torres
por la derecha y viñas del Plá de Feliu, cruza el
Barranco del Quisi, siguiendo junto a él por la
margen izquierda y por la derecha linda con viña de
herederos de Antonio Ivars, sigue por la partida del
Plá de Feliu y al llegar a las viñas de la Casanova,
de deja el citado barranco a la izquierda y continua
en dirección a la casa del mismo nombre, continua por
el citado camino, llevando por linderos tierras de la
Casanova, saliendo a la izquierda el camino de la
Cometa. Después linda por la izquierda con arboleda
de Luis Ferrer Escortell y por la derecha con Sr.
Beneyto; pasa por la partida de la Cometa, y unida al
camino de Teulada entra en término de Benissa por el
Tosal de Mosén Pere».
F. Camino de Moraira
Su importancia es comparable al camino de Teulada en
cuanto a trasiego de caballerías y caminantes, pero
cuenta con clasificación superior como vía pecuaria
que señala:
«Colada de Moraira con una anchura de diez metros,
sale de las Paleras, uniéndose a la carretera del
Peñón, al llegar al Pou Salat deja la carretera a la
derecha y continúa por el camino antes citado ,
cruzando el Barranco del Quisi y sigue entre fincas de
Miguel Gandia y Francisco Pastor, pasa junto al Pou
Salat , toma dirección saliente llevando como linde
las viñas de Miguel Avargues Cortés, quedando a la
derecha la casa del Enchinent, sigue por el mismo
camino, pasa junto a la casa de Juan Bardé quedando a
la derecha el Saladar, continúa por la partida de la
Merced, quedando a la izquierda la casa de Pedro
Crespo, entra en la Partida de la Calalga, más
adelante linda con tierras de la misma finca, pasa
entre las casas de Vicente Pastor y Pantaleón, y
camino adelante entra en término de Benissa».
El resto de los caminos reseñados conforman una red
secundaria que viene a conectar viales principales.
Incidiremos en sus trazados y características al
estudiar posteriormente las distintas partidas
calpinas.