CALPE, TIERRA Y ALMAS.                                    volver al índice
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LAS FINCAS DE CALPE EN 1916.

    
Hemos querido ofrecer una relación de las principales fincas recogidas en los polígonos que hemos estudiado. Con respecto a los terrenos del Aljub, dejamos constancia de sus aprovechamientos en 1916, a los efectos de documentar la calidad agrícola de su tierra.

El Beniasner o Biasner, a mediados del siglo XIX, perteneció a don Gaspar Cabrera Jornet, siendo posteriormente las tierras heredadas por su hijo José. Este, don Pepe Cabrera, fallecía en julio de 1936, pasando la finca a manos de su también hija, doña Clara Cabrera Abargues. Sus descendientes finalmente la vendieron a la mercantil Monte Calpe, S.L. y sobre su firme se planeó la que es hoy denominada segunda fase de la Urbanización la Empedrola . Por su escaso valor agrícola fue destinada a pastos.

Los terrenos de la Empedrola y Salamanca de Torres, vendidos en subasta como documentamos por el Asilo de Benisa, son hoy ocupados por la Urbanización la Empedrola.

El Plá de Cardos, vendido en 1965 por doña María Rocafull a la constructora San Rafael, se encuentra sin urbanizar. Formaba parte de las fincas explotadas por la familia Giner “Vallesa” y “Águeda”, junto al Tosal de Taleno, Terra Gala, hoy urbanización Cometa III.

A partir de los años 60-70 del pasado siglo, e incluso algunos pocos años antes, los Cabrera Abargues inician la venta escalonada de sus fincas. Muchos labradores calpinos comienzan a adquirir pequeños trozos, los Ivars “Aljub”, la Tía Esperanza Bañuls, pero debemos destacar a Luis Ferrer Escortell, el “Noro” , quien reúne un buen número de predios en Llombers, Ráfol, el Plá de Teulada, con un espíritu de esfuerzo que le convierte en un nuevo terrateniente, no por vía de herencia, sino por vía de tesón y riesgos bien calculados. Si observamos las reseñas ofrecidas por el Censo agrícola de 1962, observamos que los agricultores continúan trabajando las heredades pero no son capaces de reunir los medios económicos necesarios para adquirir los terrenos. Los descendientes de las grandes familias propietarias parecen convencerse de que el bajo valor agrícola de los predios desaconseja mantener la titularidad de los mismos, dados los bajos rendimientos. La familia Cabrera Abargues instruye a Vicente Fayos, perito agrónomo, para que comienza a realizar las mediciones y tasaciones de las fincas con vistas a enajenarlas. Curiosamente, en el Catastro de rústica de 1960, algunas fincas calpinas del paraje, se engloban bajo la denominación de Terra Fayos, topónimo cuyo origen aclaramos con estas líneas.

Junto a esta política de ventas por parte de los Rocafull y los Cabrera, se unen las enajenaciones del Asilo y don Juan Beneito. En poco tiempo la mayoría de los terrenos se encuentran en el mercado. Los aparceros se enfrentan a la realidad impuesta por la eclosión del turismo residencial. 

El sentimiento del labrador, desbordado por las nuevas tendencias del desarrollo turístico, sin medios para adquirir la tierra que desde siglos trabajaron sus antepasados, y de alguna forma conminados por los dueños a aceptar sin reservas los nuevos acuerdos destinados a las compraventas, son contradictorios. Una vez realizadas las transacciones, perciben pequeños donativos, en dinero o especie, y en ningún caso plantean una legítima compensación que a todas luces hubiera sido justa. 

Pervive en esta actitud la noble disposición al respeto hacia el amo, difícil de ignorar, dada la relación que mantienen las familias labradoras y propietarias desde tanto tiempo atrás.

El Racó de García y la Cuchara también son vendidas en 1965 a la mercantil Construcciones San Rafael de Altea. Sobre la primera se levantarán parte de los chalets de la Cometa III, y sobre la segunda las distintas fases de la Cometa I, y II, y Cucharret.

Finalmente, hemos querido ofrecer los datos relativos a los labradores de la partida en 1972, con Calpe en plena revolución urbanística. Nuestra fuente es el Censo Agrícola del mismo año. 
Para entonces, todas las grandes fincas de la Partida han sido transmitidas. La comparación con los datos de 1962 son bien elocuentes.

Los antiguos campos de secanos se mantienen en explotación, pues las empresas constructoras que aún no han acometido los trabajos de urbanización, permiten que los viejos labradores mantengan las labores en los predios. 

En pocos años, la forma de vida milenaria que ciñe al hombre con las labores del campo languidece, y el shock del futuro, impacta sobre los usos y costumbres del hombre local. 

                           

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