GARROFES.
Addenda 3ª
En Julio de 1949 la Junta de la Hermandad de Labradores y Ganaderos de Calpe elabora un documento sin precedentes conocidos: el Censo de Cultivadores de Garrofa. (sic). Son 251 los productores calpinos que presentan su declaración jurada en la que detallan el número de algarrobos que poseen, su producción estimada y los parajes donde los ubican. Finalizada la guerra civil, las Hermandades confeccionaban censos, especialmente de productores de cereales y olivo, para el cálculo del 20% de la cosecha obtenida, cupo forzoso a entregar en tiempos difíciles y de necesidad a las inspecciones de abastos.
En Octubre del mismo año, el Consistorio calpino presidido por José Soler Mayor, presenta a la Comisaría de Recursos de Levante, los datos estadísticos que arrojan un producción total de 82 toneladas de la que el Ayuntamiento, por medio de la Hermandad de Labradores, se compromete a gravar con un cupo del 30% que, prorrateado entre los cultivadores, será entregado a la inspección.
A finales del siglo XVIII, el botánico Cavanilles regulaba nuestra producción de garrofa en unas 38.000 arrobas, lo que en proporción a los datos que manejamos, cifraría el número de algarrobos calpinos en su tiempo en unos 2.375 pies. Un siglo más tarde, en 1898, la Dirección General de Contribuciones estima en 390 hectáreas la superficie cultivada de algarrobo, un 17% del término, resultando ésta la explotación agrícola principal de Calpe. En 1996 la Consellería de Agricultura deja en 18 hectáreas el área ocupada por este cultivo, absorbido el suelo por la eclosión del fenómeno turístico residencial. Esta superficie continuará a la baja por la expansión urbanística, alentada por las finas artes de los magos de la recalificación.
Si en tiempos pretéritos la garrofa había formado parte de la dieta humana, aún hoy algunos debieran ser devotos de su ingesta, su decadencia va paralela a la del ganado de labor del que es base alimenticia. La mecanización agraria trae consigo el mayor genocidio conocido de burros y machos. Desgajados sobre barrancos y desniveles pedregosos, los garrofers más vetustos todavía nos deslumbran por sus carnes rugosas, reventadas, y por sus brazos generosos de sombra fresca para el sufrido labrador en el pasado, y de aliviante umbría para el feliz repantigado en el presente.
Según la relación del censo mencionado a mitad de este siglo localizamos en Calpe un total de 3.992 garrofers que producen una cosecha estimada de 20 kilos de garrofa por pie. Los diez principales cultivadores son, a saber: Doña Matilde Feliu Frígola, Baronesa de Rogel: 250 algarrobos localizados en la Casanova; Pedro Tur Giner: el ti Pere «Águeda», 100, en el Carrió-Cometa; María Ribes Ribes: 86, la tía María «La Empedrola», arrendataria de esta finca del Asilo de Benisa; Juan Bautista Crespo Femenía: 70, localizados en la Canuta; Miguel Femenía Baydal: 69, el ti Miguel de «Joaquina», en Oltá; Juan Perles Martínez: 65, el ti Joan del «Plá», mediero del Plá de Don José Feliu; Pedro Tur Ribes: 60, el ti Pere «Cosentari», en la finca de María Jorro del Cosentari; Francisca Ivars Ortolá: 58, en la finca del Cocó; Pedro Ivars Ribes: 57, el ti Pere «Violí»; y Antonio Cabrera Tur: 54, el ti Toni «Poldo», aparcero de las fincas de los Javaloyes en Benicolada. Por parajes el mayor número de pies lo encontramos en Oltá-Barranco Salado con 990 unidades, 439 en el Carrió y 354 y 339 en Garduix y La Canuta-Toix respectivamente.