CALPE, TIERRA Y ALMAS.                                    volver al índice
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RETAZOS DOCUMENTALES AGRÍCOLAS DEL SIGLO XIX.

 

  
   La primera documentación reseñable se inscribe en la memoria confeccionada por don Juan Roca de Togores sobre el estado de la agricultura en la provincia de Alicante datada en 1849. No haremos referencia a los antecedentes de Pascual Madoz pues en poco amplían los análisis de Cavanilles.

     El documento elaborado por Roca hace escasas referencias concretas a nuestra población. Afirma el estudioso que Calpe se beneficia de aguas de riego del viaducto de Benejama (?), y que su día de mercado es el miércoles. Como cultivo predominante local de cereal señala la cebada. 

     Las contestaciones elaboradas por la Junta de Agricultura de Alicante al cuestionario agrícola de 1850 nos parecen interesantes en cuanto a la vida material del campesino. 

     Cifra el jornal entre los cuatro y cinco reales de vellón, «sólo suficiente para procurar un sustento frugal al jornalero.» Algunos braceros se alimentan únicamente de higos o algarrobas, o legumbres hervidas con poquísimo aceite. Sus hijos comienzan a ayudar en las labores campesinas a los doce años, y «suelen recoger estiércoles por los caminos.» 

    Afirma la memoria de respuestas que las costumbres de la población agrícola son «en general buenas, y en los puntos en que su posición es más precaria, suelen cubrir sus privaciones con heroica resignación. La población indigente vive en fuerza de su extraordinaria sobriedad. Su subsistencia depende únicamente de la caridad privada.» 

     Jaume Pastor Fluixá en su libro Historia de Calpe, 1989, páginas 365 a 370, incluye una interesante relación de los productos agrícolas deficitarios y excedentarios de la población. Según datos de 1856, en la villa entraban anualmente para consumo local unas 1.050 arrobas de arroz, 3.000 cántaros de vino, 200 cántaros de aguardiente, 195 Kg. de harina de trigo...». 

    Calpe a su vez vendía 40.000 arrobas de pasa de moscatel, 10.000 arrobas de algarrobas, 20.000 cántaros de vino, 2.000 barchillas de almendras, 6.000 barchillas de cebada, y 285 arrobas de almendrón».

    Nos parece interesante cotejar estos volúmenes con los regulados por Cavanilles anteriormente. Indicábamos que se trataba de productos excedentarios pero debemos de introducir la salvedad que impone el factor territorial de concentración de propiedad. Las familias ricas beniseras comercializarían la producción de sus predios directamente a través de las redes comerciales comarcales. Y dichos volúmenes, procedentes de las extensas heredades en manos forasteras, no se deberían entender como excedentes de producción, no consumidos localmente, sino como riqueza ajena a la economía real de nuestra población. Este punto queda evidenciado por el hecho de que Calpe compra 3.000 cántaros de vino cuando es capaz de vender 20.000. 

    Con todo, apreciamos que la producción de vino comercializado a mediados del siglo XIX duplica al regulado en el tiempo de nuestro botánico; la pasera la quintuplica, y la de almendrón se reduce a una décima parte aproximadamente.


    En 1881 se elabora un cuestionario dirigido a todos los pueblos de la provincia, y destinado a conocer la realidad de la economía agrícola provincial con vistas a crear las bases de un establecimiento de crédito agrícola. En el caso de Alicante se publica en el Boletín Oficial de la Provincia del día 5 de Febrero. El espíritu de la iniciativa, que se promueve a nivel nacional, es la de crear unas condiciones favorables para el agricultor, facilitándole medios de financiación de capital público, y poner coto a los abusos de prestamistas usureros. Del amplio interrogatorio destacamos las siguientes respuestas elaboradas por la secretaria municipal calpina; los comentarios son nuestros:

CUESTIONARIO


- “¿En qué proporción resultan las tierras cultivadas por sus dueños y las concedidas en aparcería, colonato, enfiteusis u otra clase de aprovechamiento?”.

“Mitad y mitad, aparceros y arrendatarios, y dueños”. 

La presente cuestión abunda en el elemento tierra en cuanto a su tenencia. La respuesta nos aclara que el cincuenta por ciento de las fincas son cedidas en régimen de arrendamiento o aparcería. El restante cincuenta por ciento es explotado por el propietario terrateniente de forma directa al contratar la mano de obra necesaria como jornales. En el caso de los labradores acomodados, estos emplean a los miembros familiares en la labor de los predios. También en nuestro término se da el caso de pequeños propietarios que trabajan terrenos que pertenecen a otros dueños y que las cultivan para ver incrementados sus ingresos.

- “¿Cuántos jornaleros emplea anualmente la agricultura en ese pueblo?. ¿Cuántos diariamente?. ¿Cuántos se quedan sin trabajo al año y al día?”.

“Se emplea cada dos hectáreas y cuarenta áreas un bracero al día. Son 105 braceros al día en total que suponen 43.115 pesetas, sin contar gastos de labranza, acarreo de frutos y demás labores. El número es insignificante por emplearse en la pesca. En su mayor parte vienen de pueblos inmediatos, por cuyo motivo, mientras el estado de la tierra lo permita, ningún bracero de ésta se queda sin ganar jornal más que en los casos de enfermedad”. 

Las siguientes declaraciones nos hacen ver que son aproximadamente una 215 hectáreas las que se trabajan como suelo agrícola, no alcanza dicha superficie el 10% del total del término. Suponemos que el resto es explotado directamente por los propietarios. Evidentemente Calpe es un municipio de pequeña extensión y la dedicación a la pesca ofrece una humilde alternativa al laboreo campesino. Muchas veces son los propietarios minifundistas los que alternan el trabajo en sus terrenos con prestaciones laborales en las explotaciones de los propietarios terratenientes. La afluencia de jornaleros foráneos para completar la nómina de braceros viene también condicionada, en su procedencia benisera, por el origen de los grandes propietarios oriundos de la misma población. No olvidemos tampoco la importancia de la emigración a Argelia que en este año, según el jefe provincial de estadística, hacía marchar a tierras norteafricanas a más de 10.000 alicantinos. De todas maneras los cálculos del consistorio calpino son claros: se estima que son 105 los braceros que laboran diariamente, a un coste de jornal medio de 1,25 pesetas. La nómina laboral media diaria ascendería a 131,25 Pts. que, dividida al coste total anual de 43.115 Pts., nos indicaría que eran exactamente 328 días al año los que el campo de Calpe podía ofrecer trabajo a sus jornaleros.


-“¿Cuál es el término medio del jornal de un bracero agrícola en ese pueblo?. ¿Son diferentes los jornales según los cultivos y por qué causas?”.

“1, 25 ptas. Hay diferencia según la clase de trabajo: en los trabajos ordinarios no es tan crecido el salario porque el bracero no necesita sus fuerzas como en el extraordinario, hacer márgenes de piedra, poda, limpieza de arbolado y remover la tierra a la profundidad de un metro”. 

El salario medio estimado es el frecuente en toda la provincia de Alicante, y se mantiene estable hasta finales del siglo XIX. Los trabajos que el consistorio reconoce como extraordinarios se pagan mejor por necesitar de una cierta cualificación y experiencia, aunque también el factor riesgo o apremio inciden en el incremento salarial. Otras labores realizadas por ancianos, mujeres o niños, denominados ligeros, son retribuidos con más bajos estipendios. 


-“ ¿Qué capital de explotación se requiere por hectárea, anegada o jornal para cada cultivo en las tierras de distinta clase?. ¿Qué parte corresponde al moviliario (sic), vivo, mecánico o en especie?”.

“En viña, 22 Ptas. la anegada: 12 al moviliario vivo. En siembra, 18 Pts. la anegada: 13 al moviliario vivo. En arbolado, 16 Ptas. la anegada: 13 al moviliario vivo”. 

Los gastos de explotación se reparten en tres diferentes partidas. Primeramente los gastos que aquí se denominan “moviliario vivo”, esto es, los que producen los animales para arar y acarrear frutos, caballos, mulos y asnos. En segundo lugar, el “moviliario mecánico”, los utillajes y maquinaria agrícola; y por último, “en especie”, semillas, estiércoles, azufre, etc. Nuestro Ayuntamiento no diferencia los costes entre moviliario mecánico o en especie, quizá por ser el primero muy rudimentario. El instrumental agrícola se limitaba al arado romano, azadas, azadones, horcas de madera y hierro, hoces y rastrillos, podadoras, trillos rectangulares armados de pedernales, etc... Con referencia al moviliario en especie señalaremos que el estiércol es el propio de granja, a veces sin gran poder fertilizante al haber estado expuesto mucho tiempo al sol. No hay constancia de abonos químicos. En Calpe se utilizan las algas con bastante asiduidad para fecundizar los campos.


- “¿Qué parte de dicho capital se gradúa para la amortización, cuál para la renta y cuál para el colono cultivador?”.

“No se entiende la pregunta”. 

En nuestro Ayuntamiento debió leerse la pregunta con perplejidad, y no son pocos los pueblos de la provincia que no la contestan. El consistorio de Benissa responde que un tres por ciento de la renta va al propietario, lo que nos hace pensar que en el pueblo vecino tampoco se entiende la cuestión. Lo que se intenta saber es cómo se reparten los beneficios de la agricultura, qué parte queda para el labrador, -aquí se le llama colono-, después de satisfacer la renta, según el régimen de tenencia, y cubrir los gastos de la explotación. Los factores atmosféricos juegan un papel fundamental en este aspecto, junto a otros como el tipo de financiación a la que acuden los agricultores para obtener semilla, estiércol, azufre o aperos, circunstancias de arriendo, etc... Idealmente la proporción igualada entre colono y propietario sería la apropiada, compensación tierra-trabajo, pero pensamos que en la mayoría de los casos este balance no se cumpliría, en detrimento del trabajador de la tierra. 


- “¿Cuál es próximamente el capital de explotación agrícola que se necesita racionalmente en ese pueblo?. ¿Podrá calcularse la parte que corresponde a los propietarios cultivadores y la de los que llevan fincas ajenas?”.

“285.840 Ptas. Mitad y mitad aproximadamente”. 

No especifica nuestro Ayuntamiento en que cifras y conceptos se basa para alcanzar dicha cantidad. De hecho el consistorio de Benissa rehúsa contestar la pregunta por considerar imposible el fijar una suma. Nosotros intentaremos aproximarnos a las cuentas que certificara el secretario y que entendemos como capital para la amortización de los gastos globales. Conocemos por documentación catastral de la época que el terreno cultivable calpino se repartía en unas 5.000 hanegadas de cereales y sembraduras; 2.500 hanegadas de viña, y unas 6.000 de arbolado, principalmente algarrobo y almendro. Si aplicamos a estas superficies los costes que reconoce la administración calpina para los distintos cultivos, según los diferentes moviliarios, podríamos elaborar el siguiente cuadro: 


- “¿Qué cantidad piden prestada anualmente los agricultores en ese pueblo para el cultivo de los campos?. ¿A qué interés medio?. ¿Con qué condiciones en general?”.

“No se puede calcular pero, con insignificantes excepciones, todos piden prestado al diez por ciento; pero hay condiciones más onerosas, cuando los préstamos se hacen con la condición de pagar en frutos de su cosecha en tiempo de recolección, época en que los precios son siempre bajos”. 

Normalmente las cantidades prestadas son satisfechas por prestamistas de pueblos cercanos, especialmente Benissa y Jalón. La mayoría de los contratos son verbales o privados, pero también existen los documentos de carácter hipotecario. Las condiciones son la venta a carta de gracia, con obligación de retroventa, dentro de uno a cuatro años si se devuelve el capital, pagando el labrador los réditos y además los gastos de escritura, registro de la hipoteca, el tanto por tanto a la Hacienda, papel, etc... Las fincas quedan en propiedad del comprador si vence un plazo del rédito y no se paga, o si, transcurrido el tiempo para devolver el capital y gastos, no se verifica; pero generalmente se pueden dar casos de compras de fincas por el doble o más que el capital por el que se vende o toma prestado.

Por otra parte los préstamos al labrador venían muy condicionados por las circunstancias meteorológicas. En las épocas adversas por las sequías, el labrador evitaba el tener que acudir al crédito, dado que la baja producción no cubría la devolución del capital e intereses; por otra parte los prestatarios tampoco se arriesgaban a facilitar sus dineros. En años de lluvia la situación cambiaba y aunque los fondos no faltaban, los agricultores que reintegraban los préstamos en frutos, lo hacían a precios bajos por el exceso de oferta. De todas formas los juzgados municipales se veían concurridos en los meses otoñales debido a los múltiples pleitos que planteaban los usureros, siempre al acecho de la dificultades de sus deudores. 


En 1884 se remite a todos los municipios de nuestra provincia un cuestionario sobre el cultivo de viña de vino y producción vitícola para la confección estadística del interrogatorio vinícola del año siguiente. Dicho documento se encuentra conservado en el Archivo de la Diputación Provincial de Alicante, sección fomento, legajo 130. 



CUESTIONARIO

-“¿Cuál es la superficie plantada de viñedo, en hectáreas?”.

“La superficie plantada es de 1.320 de secano. Ninguna de regadío.” 

En buena lógica la respuesta es errónea, o existe un defecto de trascripción. Si nos atenemos a la productividad por hectárea que reconoce el consistorio en las respuestas siguientes, podremos calcular la superficie plantada en una superficie de 166 hectáreas que nos sigue pareciendo excesiva. El ayuntamiento de Benissa certifica una superficie plantada de 114 hectáreas, más ajustada a la realidad. No creemos que la superficie de viña de vino que ostentara nuestro término excediera de las 1.000-1.200 hanegadas.

-“¿Cuál es la producción de vino en hectolitros: en el quinquenio 1880-1884, y al año?”.

“La producción en el quinquenio fue de 45.000 hectolitros. 8.300 al año”. 

De nuevo, la producción nos parece disparatada. Opinamos que el cálculo es erróneo. El Ayuntamiento de Benissa cifra su productividad en 1.200 hectolitros anuales. Muy probablemente Calpe elabora sobre un diez por ciento de lo que declara.

-“ ¿Qué clase de vino se produce, y qué graduación alcohólica tiene?”.

“ Se trata de vino tinto, con una graduación de 8º”. 

La graduación nos parece muy baja. Benissa la sitúa en 14-15ª, Altea en el 12º. 

-“¿Cuál es la cantidad de vino producido por término medio: hectólitro/hectárea?”.

“Una hectárea produce 50 hectolitros”. 

En Benissa se calcula una productividad de 25 hectolitros por hectárea, la mitad que en Calpe.

-“ ¿Qué cantidad de vino se consume anualmente en esta población, en hectolitros?”.

“Se consumen 900 hectolitros anuales en esta población”. 

Si tomamos como buena esta declaración, podemos observar que de acuerdo a las aseveraciones de nuestro ayuntamiento, los excedentes de producción de vino serían extraordinarios. Pensamos que la producción de vino en Calpe no sobrepasaría las necesidades domésticas de la población. Si nos atenemos fielmente a los antecedentes de este cuestionario, deberíamos afirmar que parte del vino calpino se consumía en la población de Benissa, lo que nos parece poco probable; aunque no debemos olvidar que dado que la mayoría de las fincas vitícolas calpinas eran de propiedad terrateniente benisera, es también posible que esta producción fuera trasladada a la villa vecina para su venta o consumo interno.

-“¿Resiste el vino la conservación?”.

“No resiste su conservación”.


En 1887, auspiciado por el Gobierno Civil, se remite a todos los municipios de nuestra provincia un cuestionario sobre el cultivo del olivo y la producción de aceite para el mismo año. Dicho documento se encuentra conservado en el Archivo de la Diputación Provincial de Alicante, sección fomento, legajo 206. 


CUESTIONARIO

-“¿Cuál es la superficie plantada de olivar, en hectáreas?”.

“La superficie que se calcula es de unas 10 hectáreas”. 

La presencia de este cultivo en nuestro término es escasísima, debido entre otros motivos a la expansión del cultivo de la viña, y a pesar de las indicadas condiciones meteorológicas de nuestro medio físico que permiten la buena floración y maduración del árbol.

-“¿Cuántos olivos se calculan por hectárea?·”.

“El cálculo se estima en unos 60 pies por hectárea”. 

En Benissa se estiman 72 pies por hectárea, en otras poblaciones de la Marina hasta 100.

-“¿Cuál es la producción de aceitunas, hectolitros por hectárea?”.

“La producción se cifra en 25 hectolitros de aceituna por hectárea”.

-“¿Cuál es la producción de aceite, en hectolitros por hectárea?”.

“La producción se cifra en 3,6 hectolitros de aceite por hectárea”. 

El rendimiento es medio, superado por el benissero que declara 6 hectolitros por hectárea, y superior al de Altea que es de 1,5.

-“¿Cuál es la producción total anual de aceite, en hectolitros?”.

“La producción anual de aceite es de 36 hectolitros”.

-“Cuál es el promedio de consumo anual de aceite en la población, en hectolitros;?”.

“El consumo anual de aceite en la población es de 210 hectolitros”. 

Como podemos comprobar la producción local es muy deficitaria y apenas cubre un 17% del total de las necesidades de consumo local de la población.

-“¿Cuál es el precio medio de hectolitro de aceite en el pueblo en la época de recolección, pesetas por hectolitro?”.

“El precio medio es de 83 pesetas/hectólitro”. 

El precio se nos antoja muy alto, casi peseta el litro. En Benissa el precio se cifra en 55 céntimos y en Altea 60. Para el labrador el gasto por consumo de aceite, de primera necesidad, debía de suponer un esfuerzo económico importante. Muy posiblemente esta diferencia de precio vendría condicionada por el acarreo de la aceituna a almazaras de la población vecina de Benissa, pues en la época Calpe no contaba con centro alguno para la elaboración del aceite. El coste de acarreo en carro se estimaba en 0,25 pesetas hectolitro y se depositaba la aceituna por cosechas para evitar confusiones a la hora del reparto del aceite y por orden riguroso. Convenía proceder a la molienda sin retrasos tras la recolección, para evitar esperas de hasta tres meses que iban en detrimento del aceite resultante, que aparecía rancio, espeso y con desagradable olor. Los huesos se utilizaban para alimento de aves de corral y ovejas.

-“¿Cuál es el precio de arrastre de hectolitro de aceite?”.

“El coste de arrastre a la población de Alicante es de 7,5 pesetas; 14 pesetas a Madrid; 5 pesetas a la estación de ferrocarril más cercana y 2 pesetas al puerto más próximo”. 

La respuesta es testimonial pues es muy poco probable que parte de la producción de la villa se destinara a la venta dado su volumen tan deficitario y que, a buen seguro, se consumiría localmente en su integridad. De hecho, el ayuntamiento de Venza responde que en esa población no se realiza transporte alguno; la producción vencerá apenas cubre el 20% de sus necesidades de avituallamiento.

                           

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